La aeronave quedó partida en varios trozos tras salirse de la pista en pleno aterrizaje e invadir una ruta que rodea al aeropuerto internacional de Vnúkovo, en la capital rusa.
El siniestro deja al menos cuatro muertos, todos ellos miembros de la tripulación, ya que el Tupolev de la compañía rusa Red Wings, volaba de regreso desde República Checa sin pasajeros.
Los fallecidos, según la prensa local, son el comandante, el segundo piloto, un ingeniero y una de las azafatas.
El Túpolev accidentado tenía apenas cuatro años y unas pocas semanas de antigedad, según las fuentes consultas por la agencia oficial RIA-Nóvosti.
El ministro de Transporte, Mijaíl Sokolov, se acercó al lugar del siniestro, mientras la Fiscalía rusa abrió una causa penal por la violación de las reglas de seguridad de aviación.
El primer ministro ruso, Dmitri Medvédev, ha ordenado crear una comisión de investigación sobre las causas del accidente, que tuvo lugar en víspera del comienzo de los diez días de vacaciones de Año Nuevo en este país.
Restos de fuselaje y columnas de humo en medio de una autopista helada que pasa junto a Vnúkovo, era la escenografía que dejó el accidente en unos de los tres aeropuertos internacionales de la capital rusa.
Según algunos testigos, reporteados por las televisoras locales, un hombre salió despedido del avión en el momento en que este chocaba con la barrera que separa las instalaciones aeroportuarias de la ruta.
Las primeras hipótesis sobre el origen del accidente apunta a un error del piloto, pero el siniestro, en plenas vacaciones de Año Nuevo en Rusia, arroja nuevas dudas sobre las pobres medidas de seguridad aérea en el país.
Rusia comparte con otras exrepúblicas soviéticas los peores registros de seguridad aérea del último año, con una tasa de siniestralidad que triplica la media mundial, según la Asociación Internacional del Transporte Aéreo.
Esto ha llevado al presidente ruso Vladimir Putin a reiterados llamamiento para mejorar los estándares de seguridad.
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