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En estos días, es común ver enormes despliegues policiales en las esquinas céntricas de Madrid con camiones, coches, vallas y numerosos efectivos con celulares y muchos nervios, pero no se trata de un nuevo atentado de ETA, sino de la presencia de un miembro del gobernante Partido Popular (PP) que está siendo asediado por los opositores callejeros a la guerra.
Los pacifistas apelan a todos los recursos posibles. Desde carteles para la televisión hasta insultos, irrupciones en actos solemnes, o arrojar a los funcionarios avioncitos de papel simbolizando un bombardeo.
Ayer fue el turno del presidente del Gobierno,
La pesadilla del gobierno, impensada hasta mediados del año pasado dado el sólido respaldo con que contaba, crece desde que Aznar decidió apoyar activamente a la administración Bush y sumarse a la «triple alianza» con Tony Blair. Desde ese entonces, cada acto electoral de cara a los comicios municipales y autonómicos del 25 de mayo, o cualquier actividad oficial o privada de funcionarios oficialistas, genera un movimiento de protesta en contra del ataque a Irak.
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