Aznar disfruta de la guerra que gana
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Escribe Sebastián Lacunza
George W. Bush afronta en su país una persistente baja en su popularidad que divide en mitades a la población a la hora de valorar su gestión, según encuestas difundidas ayer. A Tony Blair no sólo le cuesta dominar a su propio partido, sino que, además, hasta podría afrontar problemas judiciales en Gran Bretaña por el caso Kelly. En cambio, José María Aznar, el otro integrante del terceto que declaró la guerra al régimen de Saddam Hussein en la reunión de las islas Azores en marzo pasado, lejos de padecer las consecuencias de las aparentes mentiras para justificar la invasión, reposa en la isla de Menorca o en un pequeño pueblo de Castilla, sin nubes en el horizonte, lo que da cuenta de la singularidad de su victoria.
La situación económica pinta un buen panorama para los populares, y los socialistas se encargaron del resto. El PSOE, encabezado por el secretario general y candidato presidencial José Luis Rodríguez Zapatero, alberga en su seno una federación de caciques regionales con poder equivalente, que presentan un abanico de discursos contradictorios. A este escenario se suman dos episodios de corrupción en la Comunidad de Madrid y en el ayuntamiento de Marbella, en donde quedan pocas dudas de que representantes socialistas fueron coimeados para cambiar sus votos a la hora de formar los respectivos gobiernos.
El Partido Popular peca de todo lo contrario en cuanto a disidencias internas. Padece de exceso de homogeneidad. Hay al menos cuatro candidatos a la sucesión, pero todos niegan ese extremo, se prodigan elogios mutuos y alaban a José María Aznar. Se cree que el ministro de Economía, Rodrigo Rato; el vicepresidente, Mariano Rajoy; el jefe del PP en el País Vasco, Jaime Mayor Oreja; y el jefe de Gobierno de Valencia, Eduardo Zaplana, cuentan con chances relativamente similares de ser los bendecidos por Aznar. Pero el preferido según todas las encuestas y quien asegura arrasar en las elecciones de 2004 no está en carrera. Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, el más «izquierdista» de los presidenciables del PP, es el único que no exagera su lealtad con Aznar. Sobre él habría sentenciado Aznar en 1996: «Puedo perdonarlo todo menos la deslealtad», por una disidencia menor en el inicio de su mandato. Ruiz Gallardón fue el único dirigente que avaló en los hechos la posibilidad de que las coimas del Parlamento de Madrid por parte de empresas constructoras hayan estado originadas en el propio Partido Popular. Aseguran que el alcalde de Madrid no va a ser el candidato que Aznar designará a fin de mes.



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