16 de mayo 2005 - 00:00

Berlineses se divierten en el monumento antinazi

El Memorial del Holocausto se encuentra en pleno centro de Berlín. Está compuesto por más de 2.711 lápidas.
El Memorial del Holocausto se encuentra en pleno centro de Berlín. Está compuesto por más de 2.711 lápidas.
Berlín - Peter Eisenman no era consciente de hasta qué punto los ciudadanos alemanes se toman las cosas al pie de la letra. El arquitecto del Monumento a las Víctimas del Holocausto, que se inauguró el martes pasado en Berlín, comentó con buen humor judío-neoyorquino que no quería que su memorial fuera un cementerio o lugar sagrado.

«¡Todo lo contrario!», exclamó sin pensar dos veces en qué país estaba, «quiero que sea para utilizarlo, para que los niños vayan y jueguen allí, para que la gente vaya de picnic».

• Desfile

Y dicho y hecho, los berlineses se lanzaron el jueves (día que se abrió al público) a disfrutar de su nuevo entretenimiento. Miles de personas comenzaron a desfilar entre las

2.711 estelas de hormigón que se esparcen junto a la Puerta de Brandemburgo en un inmenso espacio que ocupa como dos campos de fútbol. Algunos visitantes, sumergidos en la zona donde los bloques superan los cuatro metros de altura, sintieron tristeza, encogimiento y emoción. Sin embargo, casi todos los demás, fascinados por la ola gris que forman las estelas y la manera laberíntica en la que están expuestas, empezaron a correr, jugar, chillar, esconderse e incluso encaramarse a ellas. «Por favor, bájense de ahí», decía educada y pausadamente uno de los guardas de seguridad que vigilan el Memorial. «¡Pero si no estamos haciendo nada!», respondía un «punki» con botas negras altas y una cresta disparada al cielo de Berlín.

«El monumento a las víctimas del Holocausto, un lugar de recreo», se leía a la mañana siguiente en repetidos titulares. «Es una pena. Estoy muy triste. El Memorial se ha convertido en un rincón banal», aseguraba un profesor israelí.

Pero no todo acontece por el día, sino que lo mejor llega por la noche... Según demostró el sábado gráficamente el diario «Bild», los 19.073 metros cuadrados de lápidas de hormigón se han convertido en uno de los mejores refugios de los amantes.
Jóvenes (y no tan jóvenes) fueron cazados en la noche del viernes dándose bien un un gusto entre estela y estela.

¿Y qué tienen que decir ante esto la impulsora del Memorial, Lea Rosh, o el Consejo Central de los Judíos en Alemania? Bien poco, ya que están enzarzados en otra polémica creada por la propia Lea.

• Pieza dental

El martes, durante la inauguración oficial del monumento, la periodista que logró que en Berlín se honrara la memoria de sus propios asesinados mostró una pieza dental de un judío víctima del Holocausto. Rosh relató que la había encontrado hace 17 años en el campo de concentración de Belzec ( actual Polonia) y que pretendía enterrarla en el memorial, bajo alguna estela. El trágico error de Rosh fue desconocer que toda la comunidad judía, encabezada por el presidente del Consejo Central, Paul Spiegel, pondría el grito en el cielo porque los judíos tienen que enterrar a sus muertos con todos sus miembros.

Lea Rosh
anunció que devolverá el diente al lugar donde lo encontró. Aunque ahora se las tendrá que ver con el encargado del campo de concentración, ya que éste ya preguntó quién la mandó a llevarse el resto de un prisionero como recuerdo.

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