2.711 estelas de hormigón que se esparcen junto a la Puerta de Brandemburgo en un inmenso espacio que ocupa como dos campos de fútbol. Algunos visitantes, sumergidos en la zona donde los bloques superan los cuatro metros de altura, sintieron tristeza, encogimiento y emoción.
«El monumento a las víctimas del Holocausto, un lugar de recreo», se leía a la mañana siguiente en repetidos titulares. «Es una pena. Estoy muy triste. El Memorial se ha convertido en un rincón banal», aseguraba un profesor israelí.
Pero no todo acontece por el día, sino que lo mejor llega por la noche... Según demostró el sábado gráficamente el diario «Bild», los 19.073 metros cuadrados de lápidas de hormigón se han convertido en uno de los mejores refugios de los amantes.
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