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Dirigente minero de filiación comunista y enconado adversario de Sánchez de Lozada, Solares estima que la toma del poder pasa por la «preparación revolucionaria sindical».
Ex guerrillero y líder de los campesinos aymaras del oeste andino boliviano, Quispe apunta también a un gobierno obrero-campesino, pero presidido por un indígena.
Acusado de racista y promotor de un discurso que marca a fuego las diferencias entre «q'aras» (blancos) y «taras» (indígenas en lengua nativa), Quispe cree que «ya es hora de que las mayorías indígenas y originarias tomen el poder y gobiernen con la clase obrera y los gremios que, desde siempre, fueron maltratados, humillados».
Quispe, quien había prometido una tregua de 90 días al nuevo presidente