Aunque oficialmente no se reportaron nuevas víctimas y los incidentes callejeros entre manifestantes y las fuerzas de seguridad disminuyeron, la situación política en Bolivia se deterioró más ayer. Las fuerzas armadas emitieron señales contradictorias, lo que generó todo tipo de especulaciones. Por la tarde, el comandante de las FF.AA. afirmó que su fuerza apoyará a la presidencia como institución, pero que esa postura no extiende necesariamente el respaldo al mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada. Esa sutil diferenciación generó un clima de gran tensión que obligó al alto mando a difundir por la noche un comunicado aclaratorio en el que reafirman la «subordinación y acatamiento» al presidente. A esto se sumó la decisión de la Confederación Obrera Boliviana (COB), la principal estructura gremial del país, a extender por tiempo indeterminado la huelga general que ya lleva dos semanas y que mantiene paralizadas las principales ciudades. Inclusive, piqueteros bolivianos cortaron las fronteras con Salta y Jujuy mientras la Cancillería argentina manifestaba la solidaridad del gobierno de Néstor Kirchner. Así, casi sin apoyos y en una actitud lindante con la impotencia, el presidente boliviano intentó mostrar su autoridad llamando a los rebeldes a negociar «sin condiciones». Algo que, con este cuadro de situación, no pareció resaltar su fortaleza sino, más bien, su escaso margen de maniobra.
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