Brasilia (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el socialdemócrata Geraldo Alckmin, intentaron ayer capitalizar el resultado de su primer debate electoral por TV, marcado por la virulencia verbal y acusaciones mutuas de corrupción.
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Tanto Lula como Alckmin descansaron tras haberse visto cara a cara por primera vez en la campaña, pero sus comités trabajaron a todo vapor, intentando convencer a los electores de la «victoria» de uno u otro en el debate, que -contrariamente a lo esperado- no hizo estallar los niveles de audiencia.
El primer encuentro de los candidatos que el 29 de octubre disputarán la presidencia en una segunda vuelta electoral fue en el canal «Bandeirantes», uno de los de mayor audiencia del país, el domingo por la noche.
Según un boletín difundido por el comité de campaña de Lula, el presidente «dejó claro que tiene un proyecto para el país, al contrario de su adversario, candidato de una coalición de dos partidos que privatizaron al país y escondieron la corrupción bajo la alfombra».
El comité de campaña de Alckmin hizo lo propio y acusó a Lula de haber «evadido» preguntas directas sobre los asuntos de corrupción que estallaron durante el último año y medio en el gobierno o el oficialista Partido de los Trabajadores (PT).
En el debate hubo de todo, salvo buenas maneras, que duraron un suspiro y dieron paso a una discusión en la que ambos se trataron de «mentirosos» y «mal informados», y se acusaron mutuamente de «engañar» al electorado y de evadir preguntas.
Según el Instituto Brasileño de Estudios Políticos (IBEP), «ninguno de los dos adversarios tuvo un desempeño claramente superior y tanto Lula como Alckmin explotaron vulnerabilidades evidentes del otro. Los escándalos en el caso del primero, y algunas políticas del gobierno de Fernando Henrique Cardoso en el caso del segundo».
«Hubo, sin embargo, una novedad importante: el estilo agresivo del candidato Alckmin, que inició el debate a la ofensiva. Su foco fue claramente el electorado potencial de las regiones sur y sudeste, donde hay mayor sensibilidad a los temas éticos» y que fueron sus principales feudos en la primera vuelta del domingo 1 de octubre, señaló un boletín del IBEP.
El debate «fue agresivo como nunca, con los dos lados llegando a acusaciones y críticas, y abrió el juego a una segunda vuelta de contrastes, de conflicto claro, como sólo se veía en las campañas de Estados Unidos», escribió en «Folha de Sao Paulo» Nelson de Sá.
El columnista de «Folha» Marcelo Coelho manifestó que Lula y Alckmin «parecían una pareja en crisis, dispuesta a decirse algunas verdades en la cara». «Desde el punto de vista argumentativo, el resultado, común en estas ocasiones, termina siendo un empate, en el que ninguno de los dos parece estar con la razón», dijo Coelho.
Para la comentarista Miriam Leitao, del diario «O Globo», Alckmin sorprendió a Lula al comenzar el debate con una actitud muy agresiva, diferente de la que tuvo en la campaña para la primera vuelta. «Lula tuvo buenos momentos, pero Alckmin tuvo un desempeño mejor; el debate fue equilibrado, pero Alckmin aprovechó el elemento sorpresa al mudar el tono, aunque es difícil decir qué impacto tendrá en el electorado», expresó.
Pese al interés de la prensa por la participación de Lula, el debate no fue lo más visto del domingo a la noche en la televisión brasileña. El encuentro fue superado por el programa «Fantástico», uno de los más tradicionales de la red «Globo», y, por momentos, por el canal «SBT», que exhibía el filme «Harry Potter».
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