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En un discurso pronunciado en unas instalaciones de la Guardia Costera en Filadelfia, Bush insistió en que la victoria en Irak está «cada vez más cerca», si bien reconoció que EE.UU. y sus aliados deberán afrontar «muchos peligros» en el futuro.
El presidente trató de levantar el optimismo del país acerca de la marcha de las operaciones, una vez que se ha abandonado la esperanza de una victoria rápida en Irak, y señaló en varias ocasiones que «estamos llegando».
«Día a día nos estamos acercando a Bagdad», dijo el presidente, quien aseguró al pueblo iraquí que «ni pararemos ni frenaremos (la marcha) hasta que vuestro país sea libre».
En este sentido, recalcó de forma reiterada que las operaciones en tierra sólo comenzaron hace once días, un período de tiempo «corto» en el que según él se han producido numerosos avances. Bush precisó que en ese período, las fuerzas angloestadounidenses «han tomado el control de la mayor parte del oeste y el sur de Irak... han tomado puentes clave, abierto un frente norte... y comenzado a entregar ayuda humanitaria». Entre los logros que quiso pregonar, Bush destacó también que se ha evitado la destrucción de los pozos petrolíferos del sudeste de Irak, la zona más rica en crudo de ese país, y también se han ocupado lugares desde los que el régimen iraquí podía disparar misiles sobre Israel.
«Día a día estamos más cerca de la victoria», proclamó el presidente estadounidense.
La intervención de Bush se produjo después de que durante varios días las autoridades militares de EE.UU. han negado que hubieran recurrido a una pausa operativa en su ofensiva, a fin de reorganizar y reaprovisionar sus fuerzas, que también esperan importantes refuerzos de suelo estadounidense y bases en Europa.
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