«Saddam Hussein y sus hijos deben abandonar Irak en 48 horas». Con estas palabras, el presidente George W. Bush lanzó anoche el ultimátum al líder iraquí y puso en el máximo nivel la tensión internacional. Sin duda, el mundo comienza a vivir horas difíciles de consecuencias imprevisibles. En un breve discurso por TV al pueblo norteamericano -pero seguido con profunda atención en todo el mundo-, Bush enumeró los infructuosos esfuerzos para lograr el desarme de Irak y la amenaza que representa el gobierno de Bagdad si no es destituido. «Vamos a deshacer la maquinaria del terror y ayudaremos a construir un nuevo Irak», dijo. Pero es cierto que el presidente norteamericano, a diferencia de su padre hace 12 años, no cuenta con el mismo consenso inter-nacional ante la imposibilidad de lograr que la ONU avale la intervención militar. La advertencia de Bush tuvo una rápida respuesta de Hussein. Rechazó el ultimátum y lanzó frases amenazantes, y minutos después del discurso de Bush comenzó a movilizar tropas a las afueras de Bagdad. Es claro que las palabras del líder iraquí forman parte del juego dialéctico para este tipo de situaciones. Pero lo que sí es grave es la perspectiva que se abre por esta situación. Por un lado, el inédito enfrentamiento -al menos en las últimas décadas-entre países aliados debilita el orden mundial que rige en la actualidad. Por otro, las posibilidades de atentados en todo el mundo como represalia por parte del terrorismo internacional irán en aumento. El secretario de Seguridad Interna de EE.UU., por caso, dispuso apenas terminado el discurso de Bush la alerta naranja (a un paso del máximo, que es alerta roja) dentro de EE.UU. ante posibles ataques a objetivos norteamericanos. Pero la situación, en este caso, con una crisis internacional de tal magnitud, no afectaría sólo a ciudadanos estadounidenses. Muy grave .
No bien terminó el discurso, Saddam Hussein ordenó el despliegue de su cuerpo de elite, la Guardia Republicana, en las afueras de Bagdad, según indicó la cadena CNN.
Prometió que «vamos a deshacer la maquinaria del terror y los ayudaremos a construir un nuevo Irak, no habrá más cámaras de torturas. En pocos días los tiranos se habrán ido».
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