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14 de agosto 2008 - 00:00

Bush oscila entre la furia y la impotencia

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Washington- Visiblemente furioso se lo vio al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, quien no tardó en lanzar amenazas en dirección a Moscú. Rusia pone en riesgo su posición en la comunidad internacional y el respaldo de Washington debido a su invasión de Georgia, dijo Bush en términos relativamente vagos.

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Luego concretó sus ideas y especificó de qué manera la Fuerza Aérea de Estados Unidos y los barcos de su flota harán llegar su ayuda a Georgia. Aunque Bush se haya referido explícitamente a la asistencia humanitaria, no habrá pasado inadvertido a los oídos rusos el mensaje de que tropas estadounidenses se están aproximando al escenario bélico entre rusos y georgianos, con todos los riesgos que ello involucra.

Bush buscaba subrayar su «respaldo sin reservas a la soberanía e integridad territorial de Georgia», y a «los esfuerzos del mundo libre para la defensa de Georgia». Pero sus palabras, por duras que suenen, no pueden ocultar que el gobierno de Estados Unidos parece estar confundido, pocos meses antes de las elecciones.

Los analistas del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS) en Washington opinan que la dirigencia rusa cree que «Estados Unidos superó el cénit de su poderío global y que llegó el momento de construir un mundo nuevo y multipolar». Estados Unidos ya está extremadamente ocupado con sus combates en Afganistán, en Irak y contra los extremistas islámicos, por lo que Moscú no debe temer una reacción militar estadounidense.

Moscú llevaba tiempo especulando con que la situación en Georgia se agravaría y, por ende, tenía también planes militares para frenar la expansión occidental en lo que considera su zona de influencia. En opinión del sociólogo Janusz Bugajsi del CSIS, «ondas de choque están sacudiendo las ex repúblicas de la órbita socialista soviética»

«Estados Unidos no irá a la guerra por un país que no pertenece a la OTAN», escribió el influyente diario «The Wall Street Journal». Moscú es consciente de ello. Bush, el «turista olímpico mientras Georgia ardía», contempló la situación sin hacer nada, señaló el periódico en tono de crítica. «En comparación con su letargo, el francés (por Nicolas Sarkozy) parece Winston Churchill.»

Nadie tiene un consejo a mano en Washington. Halcones políticos como el periodista Dick Morris creen que no debería aplicarse una «política de apaciguamiento» hacia Vladimir Putin, a quien compara con Hitler. El candidato republicano a la presidencia, John McCain, reiteró su exigencia de incorporar a Georgia a la OTAN. Pero no hay nadie en la capital estadounidense que esté llamando al país a levantarse en armas para defender militarmente a Georgia.

De lo que se trata es de «solidaridad» y ayuda. No es infrecuente que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se impliquen en asistencia humanitaria después de catástrofes naturales como terremotos o tsunamis. En esos mismos términos se está presentando el envío de la Fuerza Aérea y la Marina hacia Georgia.

  • Fortaleza

    «Esperamos que Rusia cumpla con sus promesas verbales autorizando el envío de toda clase de asistencia humanitaria», indicó Bush. Impensable suponer que alguien esté planeando derribar un avión de Estados Unidos o lanzar un ataque sobre militares de ese país con el objetivo de provocar una escalada. Washington está procurando además enviar señales de fortaleza. Así, se suspendieron unas maniobras militares conjuntas entre Rusia y la OTAN en aguas del Océano Pacífico. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, se negó a desmentir explícitamente algunas reflexiones en el sentido de que habría que expulsar a Rusia del G-8, el club de los países industrializados más ricos del mundo.

    «The Wall Street Journal» enumeró de qué otras formas se podría herir a Moscú: por ejemplo, impidiéndole su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC) o retirándole los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 en Sochi. Pero éstas tampoco serían respuestas demasiado poderosas de la superpotencia Estados Unidos.
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