Pero Santisa sabe resumir sus problemas en una frase: «Las mujeres siempre estamos cocinando con leñita o las bostas ( excrementos) secas de las vacas, y lo que queremos es que a nuestra comunidad le llegue el gas. Calculo yo que más que ese 50%, es mejor 100%, nacionalizar todo el gas nuestro que nos quitaron, para que las empresas imperialistas nos dejen de robar y nos tengan más respeto a los indígenas y yo pueda cocinar moderno».
En la conflictiva ciudad dormitorio de El Alto, a 15 kilómetros de La Paz,
«Las juntas vecinales llaman puerta por puerta pidiendo un miembro de la familia para manifestarse. Si nadie quiere ir, tiene que pagar una multa de 50 bolivianos (unos 18 pesos) y te amenazan con destrozarte la casa, o con que a tu vivienda no le va a llegar el gas a domicilio ni ninguna mejora del barrio», reconoce una vecina que no quiere dar su nombre.
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