La precandidatura presidencial de Hillary Clinton ya no es sostenida ni por sus aliados de toda la vida. Crece la impresión de que un triunfo suyo en las primarias presidenciales es ya casi una utopía.
Washington (EFE, AFP, Reuters) - Referentes del Partido Demócrata multiplican sus llamamientos para que Hillary Clinton abandone la carrera por la candidatura presidencial, lo que obligó a una incómoda desmentida de la ex primera dama que reveló la precariedad cada vez más evidente de su posición.
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En una entrevista publicada ayer por «The Washington Post», la senadora por Nueva York prometió no sólo aguantar hasta que se agoten todas las primarias, a principios de junio, sino incluso a llegar a la Convención Demócrata de agosto si fuera necesario.
Pero precisamente ése es el gran temor que tienen los dirigentes demócratas, que ven cómo el partido está totalmente dividido entre Hillary y el senador por Illinois y actual favorito en las primarias, Barack Obama. Piensan que prolongar la batalla no puede sino favorecer al Partido Republicano, que ya ha cerrado filas en torno a su candidato, John McCain, cuando aún quedan ocho meses para las elecciones presidenciales de noviembre.
Varios miembros del partido le pidieron a Hillary que se retire, con el argumento de que Obama le gana en número de delegados, en estados y en intención de voto popular.
El presidente del Partido Demócrata, Howard Dean, expresó el viernes su deseo de que la batalla no se alargue más allá de julio, e insistió en que no quiere que el nombre del ganador se decida en la Convención de agosto, algo a lo que parece decidida Clinton, si fuera necesario.
Delegados
La senadora puso sobre la mesa el peliagudo asunto de Michigan y Florida, dos estados donde ella ganó, pero cuyos delegados no cuentan, dado que fueron castigados por el Partido Demócrata por haber celebrado primarias antes de lo estipulado.
«Soy consciente de que hay gente que quiere terminar con esto cuanto antes, pero pienso que está equivocada. No tengo intención de retirarme hasta que acabe lo que empecé, hasta que vea qué ocurre en las 10 primarias que quedan por celebrar, y hasta que se resuelva lo de Florida y Michigan», aseguró ayer Hillary a «The Washington Post». «Y si no lo resolvemos, entonces lo resolveremos en la Convención», dijo en tono amenazante, lo que hace prever un verano (boreal) caliente para los demócratas. Pese a los cada vez más numerosos llamados para que se retire, Clinton encontró apoyo, paradójicamente, en su oponente, Barack Obama, quien dijo que la senadora es una dura contendiente y puede permanecer en la puja mientras ella lo crea conveniente.
También el gobernador de Nuevo México y ex miembro de la administración de Bill Clinton, Bill Richardson, quien hace unos días dio su apoyo explícito a Obama, dijo que la ex primera dama «tiene todo el derecho a seguir en la batalla. Está haciendo una campaña muy buena».
En la actualidad, Hillary cuenta con el apoyo de 1.486 delegados, frente a los 1.625 delegados de Obama. Para ser nombrado candidato, se requiere el apoyo de al menos 2.024 delegados.
A esta altura, es casi matemáticamente imposible que alguno de los dos se haga con la cifra mágica cuando concluyan las primarias, el 3 de junio. Por ello, la última palabra la tendrán los casi 800 «superdelegados», altos funcionarios y otros dirigentes del partido que asistirán a la Convención en Denver, a finales de agosto. Esos tienen libertad de voto, y hasta ahora sólo se han pronunciado unos 450. El resto se desconoce a quién apoyará.
El propio Bill Richardson afirmó ayer en CBS que, llegado el 3 de junio, sería bueno que el partido tuviera pensado un sistema para resolver la elección de un candidato sin tener que esperar a fines de agosto. «Creo que lo importante es que, cuando llegue el 3 de junio, veamos quién tiene más delegados, quién tiene más voto popular y quién tiene más estados», dijo el gobernador, en clara referencia a Obama.
Otros, como el alcalde de Filadelfia, Michael Nutter, salieron en defensa de la acosada ex primera dama y reclamaron que «no se pretenda apurar» la carrera electoral, dejando a los votantes en libertad para decidir.
Pero existe una solución salomónica, como la que propuso el gobernador de Tennessee, Phil Bredesen, y que consiste en que los « superdelegados» se reúnan tras el 3 de junio y voten por un candidato. De esta manera, dijo ayer a la cadena Fox News, «el partido podrá empezar a cerrar las heridas y reunificarse».
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