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4 de diciembre 2007 - 00:00

Chávez incubó su derrota en larga serie de dislates

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La del domingo fue la primera derrota en las urnas de Hugo Chávez en sus casi nueve años de poder, pero no fue su primera derrota política. Sobre todo en el último tiempo, cuando acumuló, de un modo llamativamente deliberado, revés tras revés, tanto en lo doméstico como en lo internacional.

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El carácter sísmico del resultado del referendo constitucional del domingo surge claramente si se recuerda cuáles fueron los ejes de lo que el presidente venezolano ofreció a la población: 1) su reelección indefinida, 2) una drástica concentración de poderes y
3) la creación de un Estado socialista en Venezuela. Por estrecho margen, es cierto, pero las tres iniciativas quedaron enterradas, por ahora, bajo el peso de millones de votos.


Entre esos sufragios se cuentan los de ex chavistas arrepentidos. Partidos que formaban parte de la coalición que le dio su última reelección lo abandonaron, así como personajes clave de su gestión, como el ex ministro de Defensa Raúl Baduel, el hombre que lo devolvió al poder tras el fallido golpe de abril de 2002. En ese camino dejó más de tres millones de votos.

  • Debilidad

  • Chávez está en su momento de mayor debilidad, al menos desde aquellos días de hace cinco años, pero la oposición a su gobierno deberá cesar pronto sus festejos para comenzar a encarar pesados desafíos. Es que sus diferencias internas son muchas y su futuro unitario dista de estar garantizado. Algo de la zozobra chavista del domingo pudo anticiparse cuando parte del estudiantado universitario le dio la espalda y salió a las calles a protestar contra la reforma. Las imágenes de policías reprimiendo a manifestantes y de parapoliciales atacándolos a tiros revelaron que ese movimiento -la vanguardia que revitalizó a una oposición confundida-acorralaba al gobierno por primera vez en un lugar incómodo para quien se dice revolucionario y de izquierda.

    Las derrotas se acumularon más febrilmente en el plano externo. Su disputa atávica con EE.UU. se radicalizó y se degradó con su matrimonio por conveniencia con la retrógrada teocracia iraní, que lapida a homosexuales y mujeres adúlteras y resulta refractaria a la idea misma de derechos humanos de validez universal. Nuevamente, el bolivariano exhibía una peculiar idea sobre lo que debe ser la izquierda.

    La degradación se acentuó con el fin de la licencia a la emisora RCTV, la más popular del país, de profunda repercusión en un mundo que no lo entendió más que como una represalia y un ataque a la libertad de expresión. Eso llevó a Chávez a insultar a los legisladores brasileños -entre los que lo cuestionaron-, poniendo hasta hoy «en el congelador», como a él le gusta decir, el ingreso de Venezuela al Mercosur.

    La saga continuó en la Cumbre-Iberoamericana de Santiago,-con su roce con Michelle Bachelet, a quien pretendió imponer la agenda, abandonando el tema convocante de la «cohesión social» para adoptar un lema más revolucionario, el del «cambio social».

  • Repetición

    Las peleas en ese foro llegaron al límite de lo bizarro con su entredicho con José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos, y con sus posteriores amenazas -para nada veladas-a las empresas españolas con intereses en Venezuela.

    El sonoro «¿por qué no te callas?» tuvo días después una repetición tácita en la cumbre de la OPEP de Riad. Allí, otro monarca, el saudita Abdala bin Abdelaziz, desautorizó públicamente sus exigencias, una a una: usar el petróleo como herramienta estratégica (contra una eventual intervención contra el plan nuclear iraní, se sobreentendía) y pasar a cotizar todas las operaciones petroleras en euros (la caída del dólar es indicio del colapso del «imperio», según dijo), principalmente.

    Luego llegó la pelea con el colombiano Alvaro Uribe, quien puso fin a la mediación venezolana ante las FARC alegando torpezas e intromisiones de Chávez. Entre las quejas del colombiano se mezclaron hechos atendibles y la evidente incomodidad por estar cediendo una tribuna política privilegiada a los terroristas y al venezolano, a quien hasta entonces detestaba amablemente.

    Tal vez intuyéndose perdido, el Chávez previo al referendo fue el más agresivo y aislacionista que se recuerde. Insultó y confrontó a diestra y siniestra. No le sirvió de nada. Tal como quedaron las cosas ayer a la madrugada, se quedó sin reelección y deberá dejar el poder a principios de 2013. Pero el camino no será tan llano. El propio Chávez ya lo advirtió: «Nosotros estamos hechos para una batalla larga. No pudimos... por ahora».
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