"Ciudades enteras fueron arrasadas"
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Otro paraíso turístico también se transformó en un verdadero infierno: Phuket, en Tailandia. El lujoso hotel Sofitel Magic Lagoon, al norte de Phuket, se convirtió en un infierno en unos pocos segundos, con al menos 35 muertos y unos 200 desaparecidos, muchos alemanes.
• Fotografías
En Phuket los parientes revisaban listas de nombres en hospitales y miraban detenidamente 80 fotografías que mostraban cadáveres hinchados sin identificar. Uno era el de un bebé, identificado solamente como «Número 46».
En otra pizarra había decenas de fotos de los desaparecidos, muchos de ellos alemanes y escandinavos, aunque también había un mexicano, japoneses, coreanos y un ciudadano de Singapur.
Las imágenes, colocadas por parientes y amigos desconsolados, estaban acompañadas por mensajes con ofertas de recompensas por datos valiosos.
En Banda Aceh, la región más afectada de Indonesia, los sobrevivientes pasaron su segunda noche sin agua ni electricidad, mientras enterraban a sus familiares. Las morgues de los hospitales se encontraban llenas y los cuerpos estaban alineados al aire libre o en las mezquitas.
En la costa noroeste de Sumatra, frente a la cual se produjo el epicentro del terremoto que desató el brutal maremoto, los poblados fueron borrados del mapa y «no hay ningún signo de vida a lo largo de los 240 kilómetros de costa», indicó un periodista que sobrevoló la zona.
El mismo escenario de total desolación se registró en el archipiélago indio de Andamán y Nicobar, en el golfo de Bengala. «Los poblados están hechos trizas», indicó un responsable del distrito,
G.C. Guptal. «Hay 30.000 personas sobre las cuales no hay noticias. Algunas pueden haber huido a la jungla en el interior del territorio o haber sido arrastradas por las aguas», relató.
Lucy Henderson, una turista británica, que llegó a Port Blair, capital de las Andamán, desea borrar de su memoria las imágenes de horror: «Corrimos. Corrimos como nunca antes lo habíamos hecho. Es un milagro que sigamos con vida. Pero ahora queremos irnos. Es un infierno», subrayó.




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