29 de diciembre 2004 - 00:00

"Ciudades enteras fueron arrasadas"

Colombo y Bangkok (AFP, Reuters) --«Ciudades enteras de pescadores fueron devastadas y no hay sobrevivientes para decir cuántas personas vivían allí», constató un policía de Galle, en el sur de Sri Lanka, la zona de Asia más afectada por el reciente maremoto.

Los responsables intentan contar los muertos y miden el alcance de la catástrofe, mientras los sobrevivientes relataban la pesadilla que vivieron tras el desastre que afectó el domingo el sur y el sudeste de Asia.

Los entierros se suceden a lo largo de la costa sur de Sri Lanka y los turistas se muestran atónitos. En el hospital de Matara, en el extremo sur de la isla, la suiza Aline Blaser descansa en una cama metálica. Con los ojos llenos de lágrimas relata cómo logró salvarse cuando la ola arrasó la playa vecina de Tangalle. «Creía que iba a morir, pero cuando la ola retrocedió, pude respirar nuevamente».

Su amigo fue encontrado atascado debajo de un muro. «Estaba atrapado. No podía hacer nada. No sé cómo, pero logró salir de ahí», indicó la joven de 23 años.

Otro paraíso turístico también se transformó en un verdadero infierno: Phuket, en Tailandia. El lujoso hotel Sofitel Magic Lagoon, al norte de Phuket, se convirtió en un infierno en unos pocos segundos, con al menos 35 muertos y unos 200 desaparecidos, muchos alemanes.


«El ejército continúa sacando cuerpos de las habitaciones porque la mayoría del personal y los turistas que se encontraban allí fueron arrasados por esta ola que sumergió totalmente al hotel», relató un periodista francés.

El martes en la tarde, unos 30 cadáveres hinchados por el agua estaban envueltos en sábanas a unos pasos de la entrada del complejo, esperando que un camión viniese a buscarlos.

• Fotografías

En Phuket los parientes revisaban listas de nombres en hospitales y miraban detenidamente 80 fotografías que mostraban cadáveres hinchados sin identificar. Uno era el de un bebé, identificado solamente como «Número 46».

En otra pizarra había decenas de fotos de los desaparecidos, muchos de ellos alemanes y escandinavos, aunque también había un mexicano, japoneses, coreanos y un ciudadano de Singapur.

Las imágenes, colocadas por parientes y amigos desconsolados, estaban acompañadas por
mensajes con ofertas de recompensas por datos valiosos.

En Banda Aceh, la región más afectada de Indonesia, los sobrevivientes pasaron su segunda noche sin agua ni electricidad, mientras enterraban a sus familiares.
Las morgues de los hospitales se encontraban llenas y los cuerpos estaban alineados al aire libre o en las mezquitas.

En la costa noroeste de Sumatra, frente a la cual se produjo el epicentro del terremoto que desató el brutal maremoto, los poblados fueron borrados del mapa y «no hay ningún signo de vida a lo largo de los 240 kilómetros de costa», indicó un periodista que sobrevoló la zona.

El mismo escenario de total desolación se registró en el archipiélago indio de Andamán y Nicobar, en el golfo de Bengala. «Los poblados están hechos trizas», indicó un responsable del distrito,

G.C. Guptal
. «Hay 30.000 personas sobre las cuales no hay noticias. Algunas pueden haber huido a la jungla en el interior del territorio o haber sido arrastradas por las aguas», relató.

Lucy Henderson
, una turista británica, que llegó a Port Blair, capital de las Andamán, desea borrar de su memoria las imágenes de horror: «Corrimos. Corrimos como nunca antes lo habíamos hecho. Es un milagro que sigamos con vida. Pero ahora queremos irnos. Es un infierno», subrayó.

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