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8 de junio 2011 - 18:28

Combates convierten al sur de Yemen en un "infierno"

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Crueles escenas de guerra, con cuerpos tirados en las calles, se veían el miércoles en una ciudad del sur de Yemen luego de enfrentamientos entre fuerzas del Gobierno y militantes islamistas, dijo un funcionario local, subrayando los múltiples focos de conflicto en el país.

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Por su parte, el presidente Ali Abdullah Saleh, de 69 años, está recibiendo tratamiento en la capital saudí Riad luego de las heridas que sufrió el viernes cuando su palacio de Saná fue bombardeado.

Hasta el momento, los reportes sobre su condición eran contradictorios, variando desde versiones de que eran lesiones menores hasta que tenía quemaduras en el 40 por ciento del cuerpo.

Una tregua entre sus fuerzas y los miembros tribales que apoyan las protestas pro-democráticas regía en Saná. Las potencias occidentales y árabes han trabajado para convencer a Saleh de que permanezca alejado del país y permita una transición negociada del poder.

Saleh ha dejado una nación en crisis, con los civiles sufriendo la peor parte del conflicto. El personal médico está teniendo dificultades para acceder a los heridos y la electricidad y el agua son escasos, afirmó el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

El CICR y equipos de la Media Luna Roja de Yemen recuperaron unos 20 cuerpos en y alrededor de Saná desde el sábado, incluyendo siete el martes en al-Hassaba, al norte de la capital.

"Debido a los combates, a menudo ha sido difícil para el personal médico llegar a ciertas partes de Saná", dijo Jean-Nicolas Marti, jefe de la delegación del CICR en Yemen.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU dijo que los yemeníes están sufriendo hambre debido a que los enfrentamientos interrumpen los suministros de comida y elevan los precios del gas, el agua, el combustible y otras materias primas básicas.

"Hay un profundo deterioro de la situación de la seguridad alimentaria en Yemen", dijo el representante del PMA en Yemen, Gian Carlo Cirri, a Reuters en una entrevista.

"Estamos cerca de que los precios de los alimentos valgan el doble en promedio en comparación con el año pasado en lo que se refiere a bienes básicos como la harina de trigo, el aceite vegetal y el azúcar", agregó.

Saná estaba en calma ante la ausencia de Saleh y la vigencia de un cese al fuego entre las fuerzas del Gobierno y los miembros tribales leales al jeque Sadeq al-Ahmar, jefe de la poderosa confederación tribal Hashed, que se ha declarado en contra del presidente. Más de 200 personas murieron y miles han huido de la capital en las últimas dos semanas de intensos combates.

Los hombres de Al-Ahmar se retiraron de alrededor de siete edificios gubernamentales, incluyendo la agencia de noticias estatal Saba, que sufrió grandes daños en los enfrentamientos de la semana pasada.

Pero varios ministerios estaban sin funcionar debido a que el personal no fue a trabajar el miércoles y gran parte de la ciudad sufría cortes de electricidad, combustible y suministro de agua.

Funcionarios y residentes describieron nefastas escenas en la provincia de Abyan, en el sur, donde el Ejército y los militantes se han enfrentado por cuarto día consecutivo, causando el éxodo de miles de habitantes.

"Hay olor a artillería y sangre en el aire. Sólo me quedé para proteger mi hogar, pero ahora quiero salir de este infierno", dijo el residente Khaled Abboud por teléfono.

Los combates han reducido a Zinjibar, una localidad de más de 50.000 habitantes, a un pueblo fantasma sin luz ni agua.

El Ejército yemení dice haber matado a 30 militantes islámicos en Zinjibar, donde un responsable local dijo que 15 soldados fallecieron en los combates por hacerse con el control de la localidad, que fue capturada por los integristas hace unos 10 días.

Algunos detractores del presidente le acusan de permitir deliberadamente a los militantes de Al Qaeda hacerse con Zinjibar para poner de manifiesto los peligros para la seguridad si pierde el poder.

La inestable situación en un país que se encuentra en rutas marítimas vitales para el transporte de petróleo preocupa mucho en Occidente y en el gigante petrolero saudí, que temen que el caos pudiera permitir a la rama local de Al Qaeda actuar con mayor libertad.

La marcha de Saleh está considerada como una ocasión para facilitar su salida del poder tras casi 33 años al frente del empobrecido país.

La embajada yemení en Washington dijo en un comunicado que la salud de Saleh está mejorando y reiteró que su vicepresidente, Abd-Rabbu Mansour Hadi, está a cargo de forma interina.

"El estado de salud del presidente Ali Abdullah Saleh es estable y sigue mejorando (...) El presidente Saleh regresará pronto a Yemen (...) para reanudar sus tareas tan pronto como se recupere", indicó.

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