Li Keqiang y Xi Jinping, dos de los más firmes candidatos a
suceder al presidente chino, Hu Jintao, dentro de cinco años.
El congreso que inaugura hoy el PCCh tendrá la última palabra.
Pekín - Más de 2.000 delegados se encuentran ya en Pekín para sumergirse en una semana de luchas de poder y rivalidades. Todo acabará con la presentación de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó, entre los que se hallará el futuro « emperador», que ocupará su cargo en el próximo Congreso. Pero esta ocasión es especialmente delicada, ya que el líder del país, Hu Jintao, carece del poder de sus antecesores y tiene en su contra al ex presidente Jiang Zemin, quien conserva una gran influencia, por lo que existen dos grupos en la reunión de la capital china que no logran ponerse de acuerdo en el nombre del ilustre camarada que los guiará dentro de cinco años. La expectación, por si era poca, se intensifica sobre el arcaico encuentro.
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Muchas cosas han cambiado en China en las últimas tres décadas de apertura. El secretismo con el que la dictadura elige a sus líderes no está entre ellas.
El comienzo, hoy, del XVII Congreso Nacional del PCCh (Partido Comunista de China) es el punto de partida a una semana de intrigas palaciegas, luchas de poder y rivalidades a puerta cerrada que culminará con la presentación de los nueve miembros del todopoderoso Comité
Permanente del Politburó. Entre los elegidos, la atención estará puesta especialmente en uno: el futuro emperador de la dinastía comunista.
El régimen chino mantiene intacto un sistema político arcaico heredado de los tiempos de Mao, y su Congreso Nacional, que se celebra una vez cada cinco años, es su máxima representación.
Decisiones
El hermetismo de los más de 2.000 delegados que se encuentran ya en Pekín es tal que durante las deliberaciones que tuvieron lugar en la última edición, en 2002, los periodistas aprovechaban las visitas al baño de los funcionarios comunistas para tratar de sonsacar alguna información.
Pero, más allá de la parafernalia que rodea el evento, las decisiones importantes son tomadas por un pequeño grupo formado por una decena de altos funcionarios.
Una de las tradiciones más arraigadas dentro del sistema establece que el líder del país apadrine a su sucesor para que tome el relevo en el siguiente Congreso, en este caso en 2012. El problema para el actual presidente, Hu Jintao, es que carece del carisma o el poder de líderes históricos como Mao Tsé Tung o Deng Xiaoping para elegir a dedo y sin oposición a su heredero.
Obstáculo
Los planes de Hu de afianzar su poder dentro del régimen promocionando a hombres de su confianza tienen como principal obstáculo una facción rival dirigida por el ex presidente Jiang Zemin, que todavía conserva una influencia importante en la estructura del Estado, especialmente en el Ejército.
Los dos grupos llegan a la reunión de Pekín sin haber logrado consensuar el nombre del camarada que tomará las riendas del país dentro de cinco años.
La lista final de los nueve miembros del Comité Permanente del Politburó, con sus nuevas incorporaciones y la ratificación de los principales líderes del país, no se conocerá hasta que los elegidos se presenten públicamente ante el Congreso en un acto que forma parte de la tradición. Li Keqiang, jefe del partido en la provincia de Liaoning y uno de los favoritos del presidente, estaba considerado como el líder en la carrera por la sucesión hasta la reciente aparición de la nueva estrella emergente: el pujante responsable del partido en Shanghai, Xi Jinping.
Ambos líderes son menores de 60 años y están considerados la avanzada de la quinta generación de líderes chinos después de las lideradas por Mao, Deng, Jiang y Hu. Sin conexión directa con la revolución que llevó al poder a Mao en 1949 -algunos de ellos son hijos de viejos revolucionarios-, su bagaje ideológico es menor que el de sus antecesores. Xi cuenta con la ventaja de ser un candidato aceptable para las dos facciones del partido y con la desventaja de no tener suficiente experiencia en puestos de alta responsabilidad.
Su ascenso a lo más alto del partido en el importante bastión de Shanghai se produjo este mismo año, después de haber contribuido al desarrollo de las provincias costeras de Zhejiang y Fujian. Su fama de buen gestor y amigo de las nuevas tecnologías lo llevó a convertirse en ejemplo dentro del partido, que organizó viajes de otros jefes provinciales para que aprendieran del «clon de Hu», como lo conocen algunos sectores de la política china por sus similitudes con el presidente.
Es posible que Xi Jinping y Li Keqiang logren entrar en el Comité Permanente -hay otros candidatos con posibilidades, incluido el jefe provincial Li Yuanchao-sin que ninguno sea abiertamente designado sucesor. El apadrinamiento por parte de los líderes del país nunca ha garantizado en China un aterrizaje suave en lo alto del poder. Un posicionamiento temprano suele permitir la formación de poderosos enemigos que disponen de cinco años para tratar de desbancar al delfín.
Coincidencias
Atrás han quedado las luchas entre los sectores partidarios de la apertura económica y quienes veían esa línea como una traición a la ideología comunista. Las divisiones han quedado matizadas por la transformación económica que ha sacado de la pobreza a 400 millones de personas, situando a China entre las grandes potencias económicas del mundo.
Las coincidencias son hoy más importantes, y entre ellas está la de no trasladar la reforma económica a la política. La democracia no estará sobre la mesa y el próximo emperador volverá a ser escogido bajo el secretismo de intrigas palaciegas y sin tener en cuenta qué opinan 1.400 millones de chinos.
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