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Esas políticas de dureza, diferentes de las prometidas durante la campaña electoral y que generaron la iras del ala izquierda del Partido de los Trabajadores -cuyos principales líderes parlamentarios acaban de ser expulsados de la agrupación-, no mellaron la confianza de la gente en su presidente: casi 70% de la gente sigue confiando en el mandatario y 57% cree que cumplirá sus promesas sociales, hasta ahora la gran asignatura pendiente de su gestión.
A comienzos de su administración, Lula decidió conquistar la confianza de los mercados nombrando en el Banco Central a un ex BankBoston,
En tanto, la deuda externa en dólares bajó a un tercio del total, pero su relación con el PBI -una asignatura pendiente pese al esfuerzo realizado-sigue siendo elevada: 57%.
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