Tras ocho años de noviazgo, la princesa Victoria de Suecia dio en la catedral de San Nicolás el "sí quiero" a su ex entrenador personal David Westling, a quien convirtió así en príncipe y duque de VTMstergötland.
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La pareja se mostró feliz ante los más de mil invitados que presenciaron el enlace en la catedral de la capital sueca, un sentimiento que parecieron contagiar a la multitud que los aclamó tras la ceremonia y durante su paseo en coche de caballos por el centro de Estocolmo, que estuvo incluso parcialmente soleado.
La heredera al trono de Suecia entró al templo del brazo de su padre, el rey Carlos XVI Gustavo, ataviada con un vestido color crema elaborado en seda, del modisto sueco PTMr Engsheden, cuya cola medía cinco metros.
Victoria llevaba además la misma tiara de oro que portó su madre, la reina Silvia, en su boda, celebrada en la misma iglesia en 1976, también el 19 de junio.
El rey sueco llevó a su radiante y sonriente hija hasta la mitad del pasillo de la catedral, donde se la confió a su prometido, que la condujo al altar. Victoria se mostró en todo momento feliz y relajada mientras Daniel no pudo ocultar del todo su nerviosismo ante las cámaras de televisión llegadas de todo el mundo.
Durante el sermón, el arzobispo de Estocolmo, Anders Wejryd, deseó a la pareja que no se sintiesen presionados por las grandes expectativas de la opinión pública. "Ojalá podáis conservar vuestra propia libertad de movimientos", dijo Wejryd.
Llegado el momento del "sí quiero", Victoria y Daniel se miraron a los ojos y se prometieron fidelidad mientras intercambiaban los anillos.
Una vez convertidos en marido y mujer, la heredera arrancó una sonrisa a los presentes al ser la primera en utilizar el nuevo título de su esposo: "Príncipe Daniel". "Así ya se ha dicho por primera vez", agregó.
Entre los asistentes al enlace, en representación de la Casa Real española pudo verse a la reina Sofía, que apareció con un elegante vestido en tonos pastel, así como a la princesa Letizia, que acudió con el príncipe Felipe y lució un largo vestido vaporoso de manga corta en esos tonos y un moño adornado con una trenza.
A la boda acudieron también la infanta Elena y su hermana, la infanta Cristina, cuyo atuendo, un vestido con un gran escote en la espalda, fue muy alabado por los medios suecos.
También asistieron al enlace el príncipe Alberto II de Bélgica, la reina Margarita II de Dinamarca, el príncipe heredero de Japón, Naruhito, el rey Abdalá II de Jordania, la monarca holandesa, Beatriz, el rey Harald V de Noruega y el príncipe Alberto de Mónaco, uno de los pocos herederos europeos que continúa soltero.
En representación de la Casa Real británica no estuvieron presentes la reina Isabel II ni el príncipe Carlos, sino el hermano de éste, el príncipe Eduardo.
A la salida del templo, la pareja real se besó mientras esperaba un coche de caballos para recorrer el centro de la capital sueca y recibir las felicitaciones del casi medio millón de personas congregadas para la ocasión.
Tras recorrer Estocolmo, los príncipes se asomaron al balcón del palacio, en lo que se convirtió en uno de los momentos más emocionantes del día. "Doy gracias al pueblo sueco porque me dieron a mi príncipe", aseguró la heredera sueca. "Es el día más grande de nuestras vidas. Su apoyo es increíble y un gran honor. No lo olvidaremos nunca".
Los responsables de la seguridad del evento celebraron la ausencia de incidentes. Un total de 7.000 soldados, policías y otros funcionarios trabajaron para evitar problemas. Un portavoz policial señaló: "Nuestro mayor problema fueron coches mal estacionados".
Para la noche está programada una fiesta en el castillo con más de 400 invitados. El destino del viaje de luna de miel, a partir del domingo, es secreto.
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