Un plan alternativo para negociar con las FARC ya está en la agenda argentina.Cristina de Kirchner le habría prometido avalar a Alvaro Uribe, durante una larga conversación telefónica que ambos mantuvieron el 26 de diciembre pasado.
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Una vez terminada, para bien o para mal, la misión que dirige Hugo Chávez en la selva colombiana, y que tiene a Néstor Kirchner como un actor principal, se avanzaría en ese proyecto de negociación con las FARC.
Se trata del plan que el presidente colombiano ya tiene en marcha con la Iglesia de su país, y que estaba bien encaminado cuando el venezolano convenció a Luiz Inácio Lula da Silva (y éste al francés Nicolas Sarkozy) de la posibilidad de avanzar en la liberación de rehenes bajo su patrocinio. El plan de Uribe con la Iglesia Católica habla de una «zona de encuentro» donde un número de sacerdotes avalados por la FARC se pondría en contacto con la guerrilla, con la supervisión de un grupo de comisionados internacionales.
Nuevamente, de la conversación entre los dos jefes de Estado, surgió desde el lado colombiano el nombre de Néstor Kirchner como delegado, en este caso del plan oficial; algo que sería dificultoso dada la relación entre el argentino y el bolivariano.
Explicaciones
La presidente argentina, en ese intercambio con Uribe, escuchó largamente las explicaciones del colombiano, y sus pocas expectativas sobre el éxito en el mediano y largo plazo de la intervención de Chávez. Según la visión de Uribe, la liberación de los tres rehenes, si se concreta, sólo tendría como finalidad una atención de las FARC a Chávez luego de la eyección de sus funciones de negociador por parte del presidente colombiano. Para la visión del jefe de Estado, el líder guerrillero Manuel Marulanda, quiere que el bolivariano siempre esté en escena; más o menos vinculado a las gestiones negociadoras. Sin embargo, para Uribe, luego de la operación con los tres rehenes que estarían por ser dejados en algún lugar de la selva para su rescate, las FARC volverán a poner condiciones cada vez más complejas para continuar con la liberación de secuestrados, en un listado de más de 400 personas donde la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt es una de las últimas. El colombiano explicó a la argentina lo que había pasado con liberaciones anteriores, el concepto de «mercancía» que tienen las FARC de los secuestrados y de la intención de llegar al reclamo de la aplicación de una «zona liberada» para la operación de la guerrilla y del narcotráfico antes de tocar seriamente el tema Betancourt. Mencionó que con los movimientos de estos días bajo el aval de Chávez, las FARC ganaban tiempo político y podían fortalecerse militarmente luego de varias semanas de duro castigo de las fuerzas oficiales, y que la posición oficial de su presidencia será nunca poner a la guerrilla en un nivel similar a la de un gobierno.
Aseguró a Cristina de Kirchner que todas las acciones contra las FARC se realizaban «bajo el estricto respeto de los derechos humanos» y mencionó que los secuestros bajaron de 3.000 a menos de 170 este año. Además de estas menciones, permanentemente Uribe insistía en el escepticismo que le generaba el plan Chávez.
Luego de esto, fue cuando ante la pregunta sobre las alternativas que manejaba Uribe para encarar el tema de la ex candidata presidencial, el interlocutor mencionó el plan de la Iglesia de su país.
El plan acordado con la Iglesia consisteen delinear una zona de 150 metros cuadrados en territorio colombiano, preferentemente rural y no selvática, donde se genere un «área de encuentro» en la que una delegación de las FARC, de la institución católica y un grupo de «veedores internacionales» se siente durante unos 30 días a negociar la liberación total de rehenes en poder de la guerrilla incluyendo a Ingrid Betancourt y otros secuestrados internacionales entre los que hay nombres de norteamericanos.
Uribe explicó que los sacerdotes de su país tienen una larga experiencia en este tipo de misiones, ya que durante las décadas del 80 y principios del 90, hubo varias intervenciones importantes para la liberación de rehenes secuestrados por los «carteles» de las drogas de Medellín y Cali. Ambos mencionaron el libro de Gabriel García Márquez «Noticias de un secuestro», donde el Premio Nobel relata uno de estos casos de privación de la libertad e intervención de un cura popular colombiano.
El presidente colombiano le mencionó a Cristina de Kirchner sobre unos primeros y positivos pasos que la Iglesia de su país había realizado con las FARC, y prometió mantener a la argentina informada. Desde Buenos Aires, Uribe escuchó de parte de la Presidente un apoyo a su gestión, más allá de avalar los movimientos de Hugo Chávez de estos días. Prometió allí que Néstor Kirchner o algún otro argentino pueda integrar el equipo de «veedores internacionales».
También en esa conversación del 26 de diciembre, Cristina de Kirchner explicó lo que haría su esposo en la selva colombiana, la intención del patagónico de reclamar la libertar de Ingrid Betancourt y el «respeto» por el gobierno de Uribe más allá de integrar una fuerza diseñada por Hugo Chávez. Prometió además que Néstor Kirchner se comunicaría con el colombiano en cuanto llegue a territorio de ese estado, lo que ocurrió el sábado. Allí el ex presidente mencionó que conocía el plan de la Iglesia de Colombia sobre la zona de encuentro, y sólo le reclamó que le dé más aire a Chávez en cuanto a los «plazos» para que el boliviariano pueda desplegar su gestión libertadora de rehenes. Fue en esa conversación donde, sin mucho éxito, Kirchner se ofreció como mediador, pero entre Uribe y Chávez.
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