Nada de lo que sigue es casual. Aunque lo parezca. El miércoles pasado, mientras que el presidente Lula y el canciller Celso Amorim se encontraban con la secretaria de Estado de los EE.UU., Condoleezza Rice, y el subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Tom Shannon, el gobierno lulista hacía malabares para que esa comitiva no se topara con otra que estaba de visita en Brasilia desde principios de la semana: la de Ali Reza Sheikh Attar, vicecanciller de Irán.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Sheikh Attar desembarcó en tierra brasileña con tres objetivos. El primero, promover inversiones para su país. Irán ya implementó una reforma económica de «segunda generación», en la que se privatizarán 130 empresas estatales, con excepción de la industria bélica y la exploración petrolera. En concreto, el diplomático persa propuso a Lula que Petrobras hiciera un «joint-venture» con el gobierno iraní en un yacimiento del Mar Caspio y en otro del Golfo Pérsico. Es más, no sólo ofreció que Irán podría actuar como nexo en posibles inversiones brasileñas en Irak sino que deslizó que Petrobras podría ser el «fronting» para empresas estadounidenses que quisieran desembarcar en los proyectos iraníes de gas y petróleo.
El segundo tema que se trató, hermana a Brasil con Irán. Es la cuestión nuclear, en la que ambos países han adherido al TNP (Tratado de No Proliferación Nuclear) y en la que cada uno produce energía atómica dentro de un programa pacífico, según confirma el último documento de la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica). Como la percepción internacional no es la misma para las dos naciones, Brasil habría aceptado interceder ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que se retire de la mesa de discusión el tema nuclear iraní.
La preparación de la visitaa Brasil del presidente Mahmud Ahmadinejad fue el tercero de los tópicos. El mandatario iraní finalmente podría recalar en Brasilia antes de fin de año, luego del frustrado intento de fines de setiembre pasado. En esa oportunidad, el asesor especial para Asuntos Internacionales del presidente brasileño, Marco Aurelio García -que seguía órdenes de Lula, se dice- había cerrado con Teherán y a espaldas de la cancillería brasileña, que Ahmadinejad, proveniente de Bolivia, hiciera escala en Brasilia antes de seguir viaje a Caracas. Calificar de «políticamenteincorrecta» la escalapergeñada por García es ser benévolo con el caso. Desmantelaron la visita del iraní y la pospusieron para fines de octubre en Itamaraty y el canciller Amorim, quien con su mejor cara de póker interpuso la excusa, nunca suficientemente trillada, de problemas de agenda. Después, como ocurre a veces con las promesas, dicha visita no se concretó.
Todavía no se había apagado el eco de la frase de Condi Rice («es más importante el combate al terrorismo que las fronteras nacionales»), cuando se supo que este miércoles 19 llega a Brasilia el ministro de Seguridad Pública de Israel, Avraham Dichter. Se reunirá con el canciller Amorim, con el ministro de Justicia, Tarso Genro, y con los directores de Policía Federal, Luiz Fernando Correa y de la Abin (Agencia Brasileña de Inteligencia), Paulo Lacerda. Una agenda sobre seguridad, es obvio, y en especial la relativa a la Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay), desde donde se estaría financiando a Hizbollah y Hamas.
Crítico
El ministro Dichter viaja, de acuerdo con fuentes de Inteligencia, en un momento especial. Crítico, llegaron a decir algunos. Desde la muerte del jefe militar de Hizbollah, el libanés Imad Fayez Mughniyad (acusado de estar detrás del atentado contra la Embajada de Israel y la voladura de la AMIA), en un atentado en Damasco el 12 de febrero pasado, no se descarta que haya represalias hacia blancos israelíes. Y hacia blancos israelíes del Cono Sur, dado que el liderazgo tanto de Mughniyad, como de su reemplazante, Hajj Talal Hamiyye, provienen de una amplia experiencia en operaciones latinoamericanas.
Los focos terroristas que preocupan al ministro de Seguridad Pública de Israel no se reducen a los de la Triple Frontera. También quiere prevenir sobre células chiitas asentadas en Venezuela, especialmente en la península de la Guajira. Teodoro Darnott, venezolano que aún mantiene lazos con las FARC, es el fundador de «Hizbollah América Latina», la que ya habría convertido a miles de indígenas de las etnias Wayúu y Guajira al islamismo. Estos nuevos fedaiyines, en contacto con las FARC, constituirían otra amenaza terrorista para América del Sur.
Resta que el ministro Aníbal Fernández esté al tanto de lo que viene ocurriendo cuando Avraham Dichter llegue a Buenos Aires, inmediatamente después de su paso por Brasil.
Dejá tu comentario