10 de abril 2002 - 00:00

Crece temor a una guerra regional

Israel estaría dispuesto a enfrentarse a una guerra regional, en caso de que se incrementen los ataques del grupo integrista chiíta Hizbollah en la frontera con el Líbano, aseguró ayer el embajador de ese país en la Argentina, Benjamin Oron.

Israel acusa a Siria e Irán de proveer armas para los atentados perpetrados por Hizbollah, que por undécimo día consecutivo lanzó ayer ataques en las Granjas de Shebaa contra fuerzas de Israel, que respondió con artillería pesada y ataques aéreos.

Hasta ahora, los combates se limitaron a las Granjas de Shebaa, un territorio de 20 kilómetros cuadrados ubicado en la frontera entre Siria, Líbano e Israel cuya soberanía es reclamada por Beirut. Para Israel y la ONU, el territorio es de Siria.

«La única intención de Hizbollah es abrir un segundo frente de conflicto», aseguró Oron, quien agregó que «esos territorios no son disputados.

La zona de las Granjas de Sheeba, que Hizbollah reclama como libanesa, a pesar de que la ONU determinó lo contrario, no nos concierne a nosotros», explicó el embajador.

• Amenaza

Preguntado sobre la posibilidad de que el enfrentamiento provoque una guerra regional, el funcionario afirmó que Israel está dispuesto a enfrentarla. «Esperemos que eso no ocurra, pero Israel sabe que eso puede pasar y bueno..., es verdad que puede desarrollarse una guerra regional». «No estamos más en los '80 o los '90, ahora Hizbollah ha logrado ampliar su alcance. Sus armas amenazan zonas densamente pobladas de Israel, como es el caso de la ciudad costera de Haifa y sus alrededores», explicó el funcionario. «De modo que, si siguen los ataques de ese grupo terrorista, Israel enviará a sus tropas», continuó Oron.

Los embajadores estadouni-dense y británico en la capital libanesa ya advirtieron al gobierno de Beirut que los continuos ataques contra Israel en su frontera «pueden provocar una conflagración en todo Medio Oriente».

• Basílica

Acerca de la situación que se vive en la Basílica de la Natividad en Belén, en donde desde el martes último se refugian cerca de 200 militantes armados -»muchos figuran en las listas que Israel entregó a Arafat»- y 39 religiosos, el embajador aseguró que «se vive una situación muy compleja, pero que no fue creada por nosotros». «Los terroristas palestinos se refugiaron en un lugar sagrado, y nosotros no vamos a dejar que hagan su fiesta. Es el último interés de Israel que hayan heridos o que se dañen las instalaciones de un lugar tan importante para los cristianos.»

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