Es que los combates con la policía (una imagen poco habitual fuera del País Vasco) y las masivas manifestaciones en las principales ciudades españolas se convirtieron en algo cotidiano. Este estado de movilización permanente opacó otros temas como el hundimiento del petrolero Prestige que contaminó todas las costas gallegas, la ilegalización del partido radical vasco Batasuna (un logro político del gobierno) y las próximas elecciones municipales.
Sólo se habla de sondeos para indicar que más de 80 por ciento de la población se opone a las medidas del gobierno popular y que la intención de voto hacia la oposición, el Partido Socialista, crece.
Una pregunta recorre los despachos de los analistas y las redacciones periodísticas.
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