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23 de noviembre 2007 - 00:00

Crisis política en El Líbano: el presidente se fue y dejó el poder acéfalo

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El presidente libanés Emile Lahud abandonó el palacio presidencial coincidiendo con el fin de su mandato, el viernes a medianoche, dejando el puesto vacante después de que el parlamento no lograse ponerse de acuerdo para elegir a su sucesor.

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Lahud se despidió del personal del palacio y saludó a varios de sus colaboradores antes de pasar revista a la guardia republicana al son de una marcha militar.

La elección del nuevo jefe de Estado debía haber ocurrido ayer en una sesión parlamentaria que se aplazó una vez más -y van cinco-, después de que la oposición prosiria y la mayoría, opuesta a Damasco, no lograsen un acuerdo.

La mayoría parlamentaria antisiria acusa a la oposición de querer un presidente sometido a Siria e Irán, mientras la oposición denuncia que los antisirios en el poder desean un jefe de Estado del gusto de Estados Unidos.

La próxima sesión parlamentaria tendrá lugar el 30 de noviembre "para permitir más discusiones y con el fin de llegar a un acuerdo", afirmó el portavoz del Parlamento, Mohammed Ballout.

Antes de partir, Lahud dijo a la prensa que "hay que elegir un presidente de consenso" y cargó contra el gobierno de su rival, el primer ministro Fuad Sinioroa, calificándolo de "ilegal e inconstitucional, digan lo que digan Estados Unidos y Francia".

La oposición suele acusar al ejecutivo de ilegítimo desde la dimisión, el año pasado, de cinco de sus ministros chiitas y uno cristiano.

"Si no eligen a un nuevo presidente de consenso, con el apoyo requerido de dos tercios (tal y como reclama la oposición, afín a Lahud), tenemos hombres que se pueden imponer", advirtió Lahud.

Poco antes del fin de su mandato, el ahora ex presidente encomendó al ejército la seguridad del país, una orden que fue enérgicamente rechazada por el gobierno, que asumirá temporalmente las prerrogativas de la presidencia, tal y como manda la Constitución.

El vocero presidencial, Rafiq Shalala, justificó la medida porque "las actuales condiciones y peligros" podrían "llevar a (declarar) el estado de excepción".

"El gobierno es legítimo y constitucional" y "seguirá asumiendo su responsabilidad y ejerciendo sus prerrogativas", replicó Siniora en un comunicado.

A causa de la tensión imperante, las medidas de seguridad fueron reforzadas, sobre todo en
Beirut y sus alrededores.

Vehículos blindados, soldados y miembros de las fuerzas de seguridad se apostaron en las principales vías de la capital, mientras ciertas calles comerciales aparecían casi desiertas y muchas escuelas permanecieron cerradas por temor a atentados.

Sin embargo, tras la partida de Lahud cientos de personas, en su mayoría partidarios del líder de la mayoría parlamentaria, opuesta al control de Damasco, Saad Hariri, festejaron el acontecimiento en el barrio de Tarik Jdidé.

"Lo estamos celebrando porque el mandato de Lahud ha sido el periodo más oscuro de la historia del Líbano", afirmó Mazen Hammun, un vecino del barrio.

"Durante su mandato se asesinó a muchos mártires, incluyendo al primer ministro Rafic
Hariri", agregó.

La situación es de total bloqueo entre la mayoría parlamentaria antisiria, apoyada por Occidente, y la oposición prosiria, liderada por el movimiento chiita Hezbolá y que engloba además al movimiento cristiano de Michel Aoun y al del presidente del Parlamento, Nabih Berri.

Los jefes de la diplomacia francesa, italiana y española, Bernard Kouchner, Massimo d'Alema y Miguel Angel Moratinos, respectivamente, ya habían expresado su pesimismo el jueves tras tras viajar a Beirut para tratar de arrancar un acuerdo.

"No habrá, creo, la elección del presidente, lo que creará condiciones difíciles", declaró D'Alema el jueves por la noche. Para Kouchner, "aún es posible un milagro el viernes, pero creo que será un poco complicado".

Más allá del significado interno, la elección del jefe del Estado libanés está considerada por diplomáticos y observadores como un nuevo episodio del pulso que mantienen Estados Unidos y sus aliados occidentales con Siria e Irán.

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