Islamabad (AFP, ANSA) - Un cruento atentado con granadas durante un oficio religioso repleto de diplomáticos en Islamabad dejó cinco muertos y volvió a encender las alarmas sobre el terrorismo fundamentalista y llevó al presidente George W. Bush a sentirse «escandalizado» por el hecho. Dos de los fallecidos eran la esposa e hija de un diplomático norteamericano y otro era afgano, mientras que otras 46 personas fueron heridas.
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Este atentado, en una zona de máxima vigilancia, constituye un nuevo desafío al presidente paquistaní, el general Pervez Musharraf, y a su propósito de erradicar la violencia extremista de Pakistán, en donde actúan sectores islamistas y hay un histórico diferendo por la región de Cachemira con la India.
El ataque ocurrió durante una misa en la Iglesia protestante internacional, donde «entre 60 y 70 personas», en su mayoría extranjeras (ninguna latinoamericana), asistían al oficio. Al menos 33 de los heridos son extranjeros y, probablemente, otro de los cinco muertos. Los estadounidenses fueron identificados como Barbara, esposa del diplomático Milton Green, y su hija, Kristin, de 17 años. La iglesia se encuentra entre la Embajada de Estados Unidos y la de China, en un barrio denominado oficialmente Diplomatic Enclave, donde abundan los bloqueos y controles policiales.
Impera una gran confusión acerca de las circunstancias del atentado, pero se sabe que un desconocido entró en el edificio, y lanzó siete u ocho granadas, de las cuales sólo algunas estallaron. Sin embargo, tampoco se descarta una probable inmolación.
Varias horas después del atentado, no había pistas certeras y tampoco se había recibido una reivindicación.
«Estoy escandalizado. Condeno severamente a los atentados como asesinatos que no pueden ser tolerados», expresó el presidente Bush, y resaltó la cooperación de las autoridades paquistaníes.
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