¿Cuenta regresiva para el premier?
Más allá de los cuestionamientos públicos y políticos, que Ehud Olmert podría resistir, el desenlace de la guerra en el Líbano implica un serio revés para el primer ministro de Israel. Según Anshel Pfeffer, en un interesante artículo publicado en el «Jerusalem Post», su gobierno se ha quedado sin justificación y sin posibilidades de concretar su plan de fijar -de ser necesario unilateralmente- las fronteras con los palestinos, lo que implicaría desmantelar asentamientos en Cisjordania.
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¿Por qué Olmert y sus ministros vacilaron a última momento? ¿No pudo soportar la presión internacional en el momento crítico? ¿El incremento de la lista de bajas era demasiado para él?
La respuesta a estas preguntas será probablemente materia para los historiadores, pero ahora muchos israelíes sienten que su sacrificio ha sido traicionado. El alto el fuego en el norte, si es implementado completamente, señala el final del alto el fuego político. Los políticos de la derecha y de la izquierda ya claman por la cabeza de Olmert, señalando que, desde sus propios puntos de vista, por lo menos 120 vidas se han sacrificado para ningún propósito real.
Por supuesto que esto no significa que Olmert esté a punto de cometer un harakiri político. Cualquiera que haya observado sus nueve años como alcalde de Jerusalén sabe que se siente cómodo confrontando las críticas públicas y una prensa hostil.
Hace un mes y medio, la FDI y la policía se preparaban para desmantelar tres asentamientos avanzados, un ensayo para el plan clave de Olmert. Pocos creen que en el clima público, especialmente dado que la proporción de colonos muertos en la guerra ha sido tan alta, Olmert pueda continuar con lo que fue el tema principal de su plataforma electoral.
Las retiradas y los planes de paz dolorosos sólo son posibles con primeros ministros populares, como Menahem Beguin en el tratado con Egipto, como Yitzhak Rabin en Oslo y como Ariel Sharon y su «desconexión». Un primer ministro desacreditado que siga adelante con un plan tan controvertido, más allá de sus méritos, es una receta para el caos e incluso una guerra civil. Y sin ese plan, toda justificación del gobierno de Olmert queda disuelta. Menos de seis meses después de su elección y una vez que esta guerra ha terminado, el único objetivo de Olmert será sobrevivir como primer ministro. Cuando esto le pasa a un primer ministro, es una muestra segura que la cuenta regresiva para su salida ha comenzado.




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