Para el actual presidente Después de una recesión, un período largo de debilidad y creciente preocupación por déficit presupuestario y comercial en aumento,
La semana pasada, la confianza del consumidor repuntó, las nuevas solicitudes de seguro de desempleo bajaron, la construcción de vivienda aumentó y la producción industrial se incrementó. Los precios de las acciones oscilaron cerca de sus niveles más altos en 16 meses. Analistas aumentaron sus estimaciones del crecimiento económico durante el verano y en los tres últimos meses del año.
Entre miembros de ambos partidos hay una fuerte sensación de que la fortuna política de Bush pudiera cambiar en gran medida si el mercado laboral finalmente empieza a mostrar marcadas ganancias en los próximos 9 o 12 meses, una cuestión en torno a la cual siguen divididos los economistas.
Hay signos positivos. La economía sumó 57.000 empleos en setiembre, la primera ganancia después de nueve meses de pérdidas. La tasa de desempleo declinó lentamente desde un nivel máximo de 6,4% en junio, y aunque el nivel actual de 6,1% está dos puntos porcentuales por arriba de donde estaba cuando Bush asumió la presidencia, sigue siendo relativamente baja para los estándares de los años '70 y '80.
Dado lo poco que puede afectar el empleo entre este momento y el Día de la Elección, Bush se encuentra entre aquellos presidentes que se han enfrentado con el desafío de poner su mejor cara a la economía sin parecer desvinculado de la angustia y, en algunos casos, el sufrimiento que ésta ha generado entre los trabajadores.
Suponiendo que la economía permanezca en un área gris entre un fuerte crecimiento del empleo y una renovada depresión, los asesores de Bush dicen que pretende apegarse al mensaje que ha estado tratando de transmitir en los últimos meses:
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