Washington (ANSA, Reuters, DPA) - La Operación Anaconda finalizó oficialmente tras un ataque realizado el domingo en las montañas en Gardez, al este de Afganistán, «donde 16 enemigos fueron eliminados», pero ayer el Pentágono aclaró que la ofensiva madre, Libertad Duradera, continuará en ese país y en diversas partes del mundo.
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De hecho, el gobierno británico anunció el despliegue de 1.700 comandos de elite en Afganistán ante un pedido especial hecho por el estadounidense George W. Bush. Este contingente será el de mayor envergadura enviado por Londres desde la Guerra del Golfo en 1991.
EE.UU. insistió además en alertar sobre la producción de armas de destrucción masiva por parte de Al Qaeda. La advertencia fue hecha por el jefe del FBI, Robert Mueller, en el marco de una gira por Filipinas en donde se desarrolla otra fase de la ofensiva antiterrorista.
La Operación Anaconda fue calificada como «un éxito absoluto que ni siquiera se puede definir», por parte del comandante en jefe Tommy Franks. A la pregunta de dónde intervendrán las fuerzas estadounidenses en un futuro cercano, el general Franks deslizó: «Tengo una idea, pero no la digo».
En la acción militar que comenzó el 2 de marzo pasado, los estadounidenses tuvieron ocho bajas (siete que viajaban en un helicóptero abatido) y unos cuarenta heridos. En tanto, son cerca de ochocientos los talibanes o miembros de Al Qaeda que cayeron en los combates. EE.UU. atacó el domingo una caravana de tres vehículos, matando a 16 «combatientes enemigos» que intentaban huir. Otros 30 talibanes fueron detenidos en Kandahar. Sin embargo, según distintos responsables militares afganos, la mayoría de los talibanes logró huir ni bien comenzaron los ataques, e incluso el canal Al Jazeera dio cuenta ayer de que cerca de 20 occidentales estarían bajo el poder de los rebeldes afganos.
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