Jerusalén - Animal político que sobrevivió a varios embrollos y a los errores de la guerra del Líbano, el primer ministro israelí, Ehud Olmert, se aferró al poder hasta que un caso de corrupción lo tumbó.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Ayer anunció que no se presentará a las elecciones primarias de su partido Kadima (centrista), previstas en setiembre, con lo que renunció de facto al cargo que ejerce desde enero de 2006. Su decisión cierra una novela política de varios meses en la que Olmert pasó a ser el jefe de gobierno más impopular y con mayores líos judiciales de la historia del Estado hebreo. «La imagen que se da de mí no se corresponde con lo que soy», afirmó anoche, al anunciar su renuncia.
El 8 de mayo, la Justicia israelí reveló que Olmert, de 62 años, cobró presuntamente sobornos de un magnate judío estadounidense durante su etapa como alcalde de Jerusalén, entre 1993 y 2003. Acusó entonces un golpe fuerte, aunque no el primero, puesto que sobre él pesaban ya otros casos de corrupción.
Pese a una prensa muy crítica con él, a los llamamientos reiterados a la dimisión de responsables políticos de todas las ideologías, en particular del Likud (derecha), Olmert se aferró y negó haber recibido sobornos. «Si la Justicia decide procesarme, renunciaré», aseguró a pesar de todo.
Desde ese momento se miró con lupa cada una de sus decisiones y actos, que eran analizados e interpretados en función de sus problemas con la Justicia. Fue el caso, por ejemplo, del acercamiento inesperado a Siria, con la que Israel lleva a cabo negociaciones indirectas, o las conversaciones con la Autoridad Palestina, que por ahora no han registrado progresos significativos.
Hombre de derecha, heredero de la escuela de pensamiento de Jabotinsky, que poco a poco asumió la idea de que la paz pasa por la retirada de los territorios palestinos, Olmert no consiguió finalmente superar los mazazos de la opinión pública.
Llegado al poder en marzo de 2006 con un proyecto centrado en la delimitación de las fronteras de Israel, dos años después encabeza el palmarés poco envidiable de los primeros ministros israelíes más importunados por la Justicia. Hasta cuatro casos de corrupción pesan sobre él. Los jueces abandonaron los cargos en otro más. «Cometí errores y lo lamento», repitió anoche.
Guerra
Criticado por su gestión de la guerra contra el movimiento chiita Hizbollah en Líbano, desde el 12 de julio hasta el 14 de agosto de 2006, Olmert batió récords de impopularidad. Heredero de Ariel Sharon, en coma desde enero de 2006, el duodécimo primer ministro de Israel fue duramente criticado en un informe sobre los errores en esa guerra. Elegido el más joven diputado del Parlamento en 1973 en la lista del Likud, llamó a la creación de colonias y votó en 1978 contra los acuerdos de Camp David que devolvieron a Egipto los territorios ocupados desde 1967. En 1993, se opuso también a los acuerdos de Oslo firmados con los palestinos.
Ministro sin cartera (1988-1990) y luego de Salud (1990-1992), fue elegido alcalde de Jerusalén en 1993, cargo en el que permaneció diez años alentando la colonización judía en la parte oriental ocupada.
En 2003, pasó a ser viceprimer ministro y ministro de Comercio e Industria en el gobierno Sharon. Consiguió convencer a este último de que se presentara a las elecciones y creara el Kadima centrista a fines de 2005.
Padre de cuatro hijos, gran aficionado al fútbol y pianista, aprecia los trajes finos, los cigarros y la buena mesa y es el único derechista de su familia.
Dejá tu comentario