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24 de abril 2020 - 00:00

El narcotráfico también sufre su propia recesión

Los carteles criminales no pueden comercializar sus productos debido a las medidas de contingencia. Los estupefacientes aumentaron notablemente su valor.

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REGIÓN. Las organizaciones más golpeadas se encuentran en América Latina. En Perú los cocaleros reclamaron medidas de compensación. En el país andino el 90% de la cosecha se destina al comercio ilegal.

Río de Janeiro y Ciudad de México - Países de todo el mundo han gastado miles de millones de dólares rescatando a empresas afectadas por el brote de coronavirus. Los cocaleros peruanos, que cultivan la tupida planta utilizada para producir cocaína, dicen que también quieren ayuda.

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Los precios de las hojas de coca vendidas a las bandas de narcotraficantes han caído un 70% desde que Perú entró en cuarentena el mes pasado, según Julián Pérez, jefe de una organización local de productores, quien agregó que sus miembros atienden al mercado legalmente regulado de coca de Perú, pero reconoció que algunos productores venden en el mercado negro. Las autoridades peruanas dicen que más del 90% de la cosecha de coca del país andino se destina a traficantes que ahora luchan por mover el producto.

El brote de coronavirus ha revolucionado las industrias en todo el mundo y el comercio internacional de narcóticos no se ha librado. Desde las tierras de los cárteles a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México y los verdes campos de coca de los Andes hasta los vendedores minoristas en Londres y París, los traficantes están lidiando con muchos de los mismos problemas que las empresas legítimas.

En tres continentes, docenas de funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, expertos en narcóticos, diplomáticos y personas involucradas en el tráfico ilícito describieron un sector que experimenta cadenas de suministro rotas, retrasos en las entregas, trabajadores descontentos y millones de clientes en cuarentena. También, dieron una ventana a la innovación y al oportunismo, características de los bajos mundos criminales.

Latinoamérica es el epicentro de un comercio mundial de drogas de unos 650,000 millones de dólares al año, según Global Financial Integrity, un grupo de expertos con sede en Estados Unidos. Las organizaciones obtienen enormes ganancias produciendo y transportando cocaína, marihuana, metanfetaminas, heroína y fentanilo que se vende en todo el mundo.

Es probable que las interrupciones sean de corta duración, dijeron algunos analistas. Los cárteles han demostrado ser expertos en superar cualquier obstáculo. La epidemia eventualmente disminuirá, las rutas comerciales se abrirán, los clientes y los distribuidores saldrán de sus hogares.

Aún así, el coronavirus ha logrado hacer lo que las autoridades de todo el mundo no han hecho: frenar el monstruo mundial del narcotráfico casi de la noche a la mañana e infligir un poco de dolor a todos los que participan de él.

En México, el cártel de Sinaloa ha enfrentado muchas amenazas a lo largo de los años, incluido el encarcelamiento de su otrora líder, Joaquín “El Chapo” Guzmán. Pero nunca una como la epidemia del coronavirus.

Las interrupciones en el comercio mundial han elevado los precios de los productos químicos importados, como la efedrina, que se necesitan para fabricar metanfetamina, una pieza importante del imperio de narcóticos de la organización.

Mientras tanto, un cierre parcial de la frontera entre Estados Unidos y México para frenar la propagación del virus ha complicado la distribución, según dos miembros del cartel de Sinaloa que hablaron con Reuters.

“Como está cerrada la frontera, estamos teniendo problemas en cruzar (la droga)”, dijo una de las personas, quien ayuda a producir el fentanilo para el cártel.

A miles de kilómetros al sur, en Brasil, las bandas de narcotraficantes enfrentan problemas de distribución similares.

En el gigantesco puerto marítimo Santos, el punto de exportación de una parte sustancial de la cocaína sudamericana que tiene como destino Europa, las incautaciones el mes pasado disminuyeron un 67% en comparación con marzo de 2019, según el Servicio Federal de Ingresos de Brasil.

Ciro Moraes, el jefe de la policía federal en Santos, dijo que es una señal de que los traficantes están experimentando su propia “recesión” personal, cortesía del coronavirus. “Esto paraliza sus negocios”, dijo, aunque sólo sea temporalmente.

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