«No hay marcha atrás posible», afirmó Lula y añadió que el año próximo, durante la presidencia de EE.UU. de los siete más ricos y Rusia (G-8), «difícilmente se hará una reunión en la que no se invite a los países que estaban presentes hoy».
El arma principal de Lula fue la presentación del proyecto para crear un fondo internacional contra el hambre, que no sea sólo un mecanismo de urgencia, sino que comprenda «reformas estructurales».
El presidente francés,
Lula explicó que éste fue «un encuentro que puede marcar una nueva relación entre países ricos y países en vías de desarrollo», ya que los representantes de estos últimos pudieron «exponer los problemas que tenemos y las soluciones que ofrecemos».
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