10 de abril 2002 - 00:00

El riesgo del desafío de Ariel Sharon a Bush

Jerusalén - Al negarse a cumplir inmediatamente el emplazamiento de Estados Unidos para retirar sus tropas de las seis ciudades palestinas que volvió a ocupar en Cisjordania, el primer ministro israelí,Ariel Sharon, corre el riesgo de entablar una seria disputa con su principal aliado. Pero sin lugar a dudas, ese diferendo no provocará efectos duraderos en las relaciones bilaterales.

«No creo que ello tenga un impacto negativo a largo plazo», afirmó un experto israelí, Barry Rubin, pues en su opinión existe «una similitud de opiniones» sobre el conflicto israelo-palestino entre Sharon y el gobierno del presidente estadounidense George W. Bush.

No obstante, la ofensiva militar israelí en Cisjordania, lanzada el 29 de marzo, puso en evidencia las divergencias tácticas entre Israel y Estados Unidos.

Reaccionando tardíamente a las presiones de Washington, el ejército israelí evacuó ayer Kalkiliya y Tulkarem, dos ciudades palestinas autónomas del norte de Cisjordania. Pero seguía ocupando otras cuatro (Ramallah, Naplusa, Belén y Jenín), más de 48 horas después de que el presidente Bush exhortara telefónicamente a Sharon a poner fin a la ofensiva.

El mandatario estadounidense reiteró su mensaje la noche del lunes, en un tono visiblemente impaciente. «Tenemos un pequeño conflicto (con Estados Unidos), pero pienso que es inevitable», declaró otro experto israelí, Gerald Steinberg. «Es un error creer que Israel hará inmediatamente cualquier cosa que quiera Estados Unidos», añadió, explicando que no siempre coinciden los intereses de los dos países.

«Las relaciones con Estados Unidos son sumamente importantes, pero destruir la infraestructura del terrorismo es aun más importante en este momento», agregó.

• Prioridad

Para Estados Unidos, la prioridad es convencer a los países árabes que apoyen un eventual ataque contra Irak y para ello deberá, en primer lugar, poner fin a las operaciones militares israelíes. Pero para Israel, la prioridad absoluta es prevenir futuros atentados suicidas, y ello justifica prolongar la ofensiva, aún si desagrada a Estados Unidos.

«Escuchamos muy atentamente a los estadounidenses y estamos dispuestos a cooperar», explicó un responsable israelí que pidió el anonimato, «pero no queremos una campaña terrorista en las calles de Jerusalén, Tel Aviv u otras ciudades».

Según una reciente encuesta, cerca de las tres cuartas partes de los israelíes aprueban la ofensiva militar actual.

A pesar de las estrechas relaciones entre ambos países y del hecho de que Israel es el primer beneficiario de la ayuda norteamericana con unos 3.000 millones de dólares anuales, las disputas no son pocas. La más grave se produjo a principios de los años '90, cuando al frente de la Casa Blanca estaba George Bush, padre del actual presidente, y el primer ministro israelí era
Yitzhak Shamir, entonces jefe del Likud (derecha). Ese diferendo, provocado por la decisión israelí de seguir adelante con la colonización de los territorios ocupados, quebró al gobierno de Israel.

Muy pocos son quienes hoy en día piensan que el actual diferendo entre Bush y Sharon irá tan lejos, en la medida en que ambos tienen la misma opinión sobre el presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat.

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