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29 de mayo 2010 - 21:20

El Vaticano advierte que "la condena será más terrible" para curas pedófilos

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Charles Scicluna.
El promotor de Justicia de la Congregación de la Doctrina de la Fe, monseñor Charles Scicluna, afirmó que "sería en verdad mejor" para los sacerdotes culpables de abusos sexuales contra y adolescentes que sus crímenes fueran "causa de muerte", pues la "condena será más terrible para ellos" en el Infierno.

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Scicluna, que en cuanto fiscal de la Congregación es el encargado de seguir todos los casos de sacerdotes abusadores, presidió una ceremonia de intercesión y reparación por los abusos sexuales cometidos por el clero católico, en la basílica de San Pedro.

El prelado maltés comenzó proponiendo de meditar sobre el pasaje del Evangelio de San Marcos en el que Jesús afirma que "si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que creen en mí, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar" (9,42).

Al respecto, monseñor Scicluna recordó la interpretación de este pasaje de las Escrituras ofrecida por San Gregorio Magno (540-604), Padre y Doctor de la Iglesia.

"Gregorio Magno comenta de este modo las terribles palabras de Jesús: 'En la piedra de moler se exprime místicamente el duro ritmo de la vida secular, mientras la profundidad del mar significa la damnación más terrible'", dijo el promotor de justicia de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Monseñor Scicluna concluyó entonces que "quien, tras haber sido llevado a una profesión de santidad, daña a los demás a través de la palabra y el ejemplo, sería mejor para él que sus fechorías sean causa de su muerte siendo seglar, en lugar de que su sagrada tarea lo imponga como ejemplo para los demás en sus culpas, pues si hubiera caído solo su tormento en el Infierno sería de una calidad más soportable".

El alto prelado agregó que además "la Iglesia siempre tuvo un gran cuidado de los niños", ya que éstos fueron puestos por Jesús como ejemplo de la verdadera fe.

"Recibir el Reino de Dios como un niño quiere decir recibirlo con un corazón puro, con docilidad, abandono, confianza, entusiasmo, esperanza. El niño nos recuerda todo esto, y todo esto lo vuelve precioso en los ojos de Dios y del discípulo verdadero de Jesús", subrayó monseñor Scicluna.

Es por eso, agregó, que "del corazón de Jesús sale un grito de eco profundo: dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidan, no se vuelvan un obstáculo en su camino hacia mí, no obstaculicen su progreso espiritual, no dejen que sean seducidos por el Maligno, no dejen que se vuelvan el objeto de vuestra impura codicia".

Esta codicia, dijo el prelado maltés, es la marca del pecado dentro de la Iglesia: "¡Cuántos pecados en la Iglesia por arrogancia, por ambición insaciable, por abuso e injusticia de parte de quien se aprovecha de su ministerio para ponerse en muestra, por miserables y fútiles motivos de orgullo personal".

Prosiguiendo en el comentario del Evangelio de Marcos, monseñor Scicluna recordó los versículos siguientes (9, 43-48), en los que Jesús advierte a sus discípulos que si su mano, su pie o su ojo es ocasión de pecado, es mejor separarse de ésa parte del cuerpo y salvarse que perecer en el Infierno "donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".

"Muchos Santos Padres interpretan la mano, el pie y el ojo como el amigo querido a nuestro corazón, con el que compartimos la vida, a quien estamos atados por lazos de afecto, concordia y fraternidad", para recordarnos que "existe un límite a esta relación", dijo el fiscal de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Monseñor Scicluna afirmó que Jesús enseña que "si mi amigo, mi compañero, la persona que me es querida es para mi ocasión de pecado, o representa un obstáculo en mi peregrinaje, no tengo más opción, según el criterio del Señor, sino la de cortar ese lazo".

"¿Quién podría negar el dolor de esta elección?¿No se trata acaso de una cruel amputación? Pero aún así el Señor es claro: es mejor para ti entrar solo en el reino, sin una mano, sin un pie, sin un ojo, en lugar de quedar con tu amigo y descender con él en la Gehena, donde el fuego nunca se apaga", advirtió el alto prelado.

Tras la oración de intercesión y reparación, monseñor Scicluna presidió también en San Perdro una adoración del Santo Sacramento, "para rezar en este momento particular por la santificación de los sacerdotes".

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