Decididos a atrincherarse en el interior de sus casas o en hogares abandonados, la actividad de muchos habitantes de Homesh era frenética. Al mando de las operaciones están decenas de militantes ultranacionalistas llegados del exterior para apoyar a estos colonos y «defender la tierra».
En una casa abandonada, un grupo de jóvenes soldó los barrotes de las ventanas, bloqueó los tejados con alambres robados al ejército e hizo murallas de piedra. La mirada de la prensa molesta y del extranjero es literalmente expulsada.
«No sabemos si resistiremos poco o mucho, pero esto no será como Gaza. Aquí nadie quiere hablar con los soldados, no queremos ni mirarlos. ¿Para eso se alistaron en el ejército?», se preguntó otro joven, que ya fue expulsado de la colonia de Neve Dekalim, en Gaza, el jueves pasado.
Aislada en lo alto de una colina y rodeada de ciudades palestinas, Homesh fue abandonada por sus habitantes en el inicio de la Intifada, en 2000, mucho antes de que Sharon preparara su plan de retirada.
El detonante fue la muerte de varios de sus habitantes, acribillados por palestinos en la carretera de acceso al asentamiento.
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