Roma - Las hasta hace un par de días excelentes relaciones diplomáticas entre Italia y los Estados Unidos atraviesan en la actualidad uno de sus momentos más bajos. Los centenares de balas que, el viernes por la noche, tropas norteamericanas en Bagdad dispararon contra el coche en el que viajaba la recién liberada periodista italiana Giuliana Sgrena y tres miembros de los servicios secretos -mataron a un agente y resultaron heridos los otros dos y la reportera- no sólo han reavivado las voces de quienes reclaman a Silvio Berlusconi la retirada de Irak de los cerca de 3.000 soldados que Italia tiene desplegados en el país. Además, lo ocurrido ha desatado en toda la clase política italiana, especialmente entre la oposición y los ecologistas, un sentimiento de fuerte malestar contra los EE.UU.
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Dicen que las relaciones diplomáticas entre Roma y Washington no eran así de tensas desde 1998, cuando un avión del ejército norteamericano que volaba a muy baja altura se llevó por delante el cable de un teleférico de una estación de esquí, y mató a 20 personas. Hasta el siempre comedido presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, aireó su enfado contra las autoridades norteamericanas. «Como todos los italianos, ahora esperamos que este doloroso y trágico asunto sea aclarado por parte de los Estados Unidos», indicó.
Antes había sido Berlusconiquien, en tono muy severo, reclamaba a la administración Bush la apertura de una investigación urgente sobre el incidente. «Alguien tendrá que asumir la responsabilidad por lo ocurrido», clamó el primer ministro italiano, quien no dudó en tomar la inusitada decisión de convocaren plena noche al embajador estadounidense en Roma, Mel Sembler, a la sede de la Presidencia del Gobierno. Las autoridades norteamericanas, por su parte, se han esforzado por tratar de calmar la furia que manifiesta su, hasta hace sólo unas horas, fiel aliado. El viernes por la noche, George W. Bush telefoneó a Berlusconi y estuvo hablando con él durante cinco minutos, y le prometió una «investigación exhaustiva». Y la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, llamó al ministro de Relaciones Exteriores italiano, Gianfranco Fini, y le aseguró que los EE.UU. harán «todos los esfuerzos» que sean necesarios para aclarar lo ocurrido el viernes en Bagdad.
Pero, por una vez, el clamor y la ira contra los Estados Unidos son unánimes en Italia. «Los 57 millones de italianos que hemos permanecido unidos en la esperanza de que Giuliana Sgrena fuese liberada tenemos el derecho a saber qué ha ocurrido tras su puesta en libertad y a recibir una explicación», subrayó Romano Prodi, líder de la coalición opositora. «Creo que el gobierno norteamericano debe asumir toda la responsabilidad por este gravísimo incidente», exigió por su parte Piero Fassino, líder de los Demócratas de Izquierda. Lo sucedido el viernes en Bagdad es muy probable que salpique también a Berlusconi.
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