Londres (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El primer ministro británico, Tony Blair, celebró ayer el noveno aniversario de su llegada al poder, en medio de una nueva tormenta en su gobierno por los escándalos que protagonizan dos de sus ministros.
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El mandatario tal vez espere a las elecciones locales parciales del jueves para anunciar cambios en su gobierno que afectarían al ministro de Interior y aliado, Charles Clarke, y al viceprimer ministro, John Prescott, el hombre de izquierda del ejecutivo.
El último escándalo que salió a la luz es el romance de Prescott, de 67 años, casado y con dos hijos, con su secretaria, que ocupa las portadas de los diarios desde el miércoles pasado. A las fotos que muestran a Prescott lanzando a su amante por los aires en una fiesta se unen las confidencias de otras allegadas del ministro.
Ayer, una antigua compañera dio cuenta de una vieja relación de dos años con Prescott y una periodista lo acusó de acoso sexual. El cargo del funcionario está en peligro aun cuando es indispensable para Blair, a pesar de sus faltas gramaticales y sus metidas de pata, por sus relaciones con los sindicatos y con el ala izquierda de los laboristas.
Perdidos
La espada de Damocles también pesa sobre Clarke, acusado de incompetencia. Su ministerio perdió la pista de 1.023 prisioneros extranjeros que tenían que haber sido expulsados tras cumplir sus penas y no lo fueron. Cinco de ellos reincidieron. La oposición reclamó que el ministro informe hoy de los medios puestos en marcha para encontrarlos.
Ayer, la prensa añadía que Clarke esperó tres semanas para decirle a Blair que entre estos ex prisioneros hay criminales peligrosos.
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