España al Papa: "No somos los predicadores de la Iglesia"
Después de una primera reacción cautelosa, el gobierno español levantó ayer la temperatura de su enfrentamiento con el Vaticano. Lo hizo al responder a través de su ministro de Defensa, José Bono, el miembro más católico de un gabinete que no se caracteriza por sus manifestaciones de fe. Según el funcionario, no se puede pretender que el gobierno de Rodríguez Zapatero sea un «predicador de la cristiandad». Además, criticó a una Iglesia «permanentemente obnubilada por el sexo» y estimó que «Cristo estaría hoy más preocupado por los 25.000 niños que mueren de hambre todos los días». La polémica había sido desatada por una inusual y dura crítica de Juan Pablo II, quien denunció el «laicismo» y la «permisividad moral» que imperan en España.
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Bono desafió a cualquiera que señale a un gobierno de Europa que «trate mejor» a la Iglesia católica que el español, en una clara alusión al acuerdo existente desde hace 20 años entre el Ejecutivo y la Santa Sede sobre el financiamiento de la Iglesia española y la enseñanza religiosa. Subrayó además que es «el comportamiento en exceso obsoleto» de «algunas jerarquías católicas» lo que provoca que «la gente se aleje» de la Iglesia y no las políticas del gobierno.
El funcionario se preguntó por qué la Iglesia está « permanentemente obnubilada por el sexo». «La gente se acuesta con quien quiera», dijo Bono quien agregó que «Cristo estaría hoy más preocupadopor los 25.000 niños que mueren de hambre todos los días o por las guerras. Creo que Cristo estaría con los pacíficos».
La derecha española, más dispuesta a criticar al gobierno sobre la cuestión vasca que sobre esos temas, se mantuvo discreta. El portavoz del Partido Popular (PP) en el Parlamento, Eduardo Zaplana, se limitó a pedir un «respeto absoluto» por las «opiniones políticas» del Papa.
La prensa subrayó, como lo hizo el diario liberal «El Mundo», el «muy severo diagnóstico del Papa» sobre la sociedad española. «No se le puede imputar a Rodríguez Zapatero y a sus ministros un proceso de secularización», escribió.
Obviamente, los diarios conservadores y católicos «ABC» y «La Razón» aprobaron las advertencias del sumo pontífice, « compartidas por millones de españoles».
«El País», cercano a los socialistas, deploró las críticas papales, que pueden despertar «tensiones en las delicadas relaciones entre Iglesia y Estado, justo cuando ambas partes parecían dar señales de voluntad por calmarlas y evitar absurdas fricciones que a nada bueno conducen».


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