El escándalo pone a la diplomacia tech de Israel bajo escrutinio

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El software es considerado como un arma y su venta requiere de aprobación del Ministerio de Defensa. Algunos países que supuestamente lo adquirieron, entre ellos árabes, recientemente establecieron relaciones con Jerusalén.

Jerusalén - Israel presume de ser un país pionero en innovación tecnológica, pero las acusaciones de espionaje a periodistas y activistas a través del programa Pegasus de la empresa local NSO reflejan el lado oculto de esta diplomacia digital.

Creada en 2010 por Shalev Hulio y Omri Lavie y afincada en Herzliya, al norte de Tel Aviv, la empresa NSO suele recibir críticas por su programa Pegasus. Este programa de espionaje no solo sirve para acceder a los datos de un teléfono móvil inteligente, sino que también toma el control de la cámara y del micrófono. En Israel, este programa es considerado como un “arma” y para ser vendido a los servicios secretos de otros países debe obtener el visto bueno del Ministerio de Defensa.

NSO rechazó ayer en un comunicado las “acusaciones fraudulentas” y aseguró que solo actúa “para salvar vidas e impedir crímenes y actos de terror”. “No habíamos recibido hasta hoy (por ayer) ninguna prueba de que una persona en esta lista fuera un objetivo del sistema Pegasus”, dijo Oded Hershkovitz, un portavoz del grupo, en declaraciones a la radio israelí.

“La gran cuestión para mí es saber si NSO conocía la existencia de las personas” espiadas”, explicó May Brooks-Kempler, una experta israelí en ciberseguridad. “Deberíamos ser más conscientes de los clientes de esta tecnología y no venderla a regímenes que pueden utilizarla para espiar a su población y sus opositores. Se trata en el fondo de un problema especialmente para el Ministerio de Defensa”, que autoriza su exportación.

El Ministerio de Defensa indicó que “no tiene acceso a las informaciones recopiladas por los clientes de NSO”, pero recordó que se toman medidas “apropiadas” si los clientes de estos programas vulneran las condiciones de uso.

En Israel, hay varios centenares de empresas en el sector de la ciberseguridad y algunas de ellas están especializadas en tecnologías ofensivas, que permiten infiltrarse en otros sistemas.

El entonces director de la Autoridad israelí de la Innovación, Aharon Aharon, declaró en 2019 que “en el uso de tecnologías (de ciberseguridad) hay una parte buena y también puede haber una parte más oscura. Creo que NSO se basa, en cierta medida, en este lado oscuro”.

“Israel es una incubadora de tecnologías represivas”, dijo Jonathan Klinger, un abogado especializado en el derecho informático. “Es un modelo de negocios triste, pero no es ilegal”.

Israel exporta sus avances tecnológicos en el sector de la agrotecnología, pero también en la industria militar, como los drones, los sistemas de misiles o de inteligencia artificial, lo que favorece las relaciones diplomáticas con otros países. Según las revelaciones del domingo, cuatro países árabes utilizaron Pegasus: Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Bahréin y Arabia Saudita. Los tres primeros de ellos normalizaron en 2020 sus vínculos con Israel y entonces también se produjo un cierto deshielo entre Riad y Tel Aviv.

¿El uso del controvertido programa de NSO favoreció este acercamiento diplomático? “La voluntad de EE.UU. de vender sus F-35 a Emiratos y sus presiones (a favor de la normalización) cambiaron la situación, no lo hizo el programa” Pegasus, sostiene Yoel Guzansky, investigador en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS) de Tel Aviv. “Hace 20 o 30 años, las exportaciones de armas permitieron a Israel establecer numerosas relaciones diplomáticas o oficiosas con países de África, Asia o de Oriente Medio y la misma situación se produce actualmente. Pero ahora tiene más cosas que vender, como un abanico de herramientas de ciberseguridad”, añade este experto.

Sin embargo, esto resulta “una navaja de doble filo, ya que Israel también puede ser visto como un país que ayuda a regímenes autoritarios a reprimir las libertades”.

Agencia AFP

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