Falleció el jefe histórico de la Cosa Nostra de Nueva York
-
Trump afirmó que EEUU podría tomar el control de Cuba "casi de inmediato"
-
Una reconocida aerolínea lowcost anunció el cierre de sus operaciones: cómo afectará a los viajeros y a los precios de los vuelos
•Trayectoria
•Secuestro simulado
En esa época, una jugada equivocada le hizo perder todo: trató de hacer asesinar a sus rivales Thomas Lucchese y Carlo Gambino para reforzar su posición de «número uno» de Cosa Nostra. Al enterarse de que su plan había sido revelado a sus enemigos, decidió desaparecer en 1964 durante 19 meses simulando un secuestro. El «vacío de poder» desencadenó una feroz y sangrienta guerra para asumir el control de su clan, que pasó a la historia como la «guerra de las bananas», en alusión a su apodo.
Reapareció en 1966 tras pactar un «acuerdo de paz» con las otras «familias» y poco después se retiró a Tucson, donde, según las autoridades, continuó implicado en actividades delictivas, aunque de menor cuantía que las que realizó como «capo» en Nueva York.
Bonanno se jactó en su autobiografía de haber abandonado la mafia debido a que en ésta las tradiciones que la habían mantenido sólida y poderosa se estaban erosionando, a partir del ingreso de no sicilianos en sus estructuras.
«Lenta pero irremediablemente, nuestras costumbres se estaban deteriorando. Los ideales que nos sostenían se estaban corrompiendo», escribió.
Bonanno, que nació en 1905 en la localidad siciliana de Castellmare del Golfo y entró ilegalmente en EE.UU. en 1924 a bordo de un barco proveniente de Cuba, nunca describió sus actividades como criminales, sino más bien como «nuestra tradición», contexto en el que él ejercía el papel de «padre de familia».
Una de sus más férreas costumbres fue la «ley del silencio», que imponía una estricta mordaza a los miembros de los grupos mafiosos. Tal vez por ello, lamentó que su hijo Salvatore colaborara con el periodista Gay Talese en la elaboración del libro «Honra a tu padre», que reveló muchos de los secretos de la familia Bonanno.
Durante su «retiro» en Tucson y en casi toda su vida, Bonanno fue constantemente investigado por la policía, pero nunca fue sentenciado por un crimen más grave que obstrucción a la Justicia. El gobierno, haciendo uso de nuevas leyes y de los testimonios de mafiosos «arrepentidos», arremetió a partir de los años '80 contra la Comisión neoyorquina y contra las cinco familias, encarcelando a sus principales líderes y a centenares de subalternos.
•Terreno perdido
Hoy en día, los grupos criminales italianos han cedido mucho terreno ante el ímpetu de delincuentes de otras etnias y nacionalidades: rusos, chinos, hispanos.
A pesar de estos embates, aún existe en Nueva York una familia criminal que lleva el nombre Bonanno, aunque ya mucho más reducida y tímida que la que dirigió el legendario «capo». Tal vez sea ése su más perdurable, y oscuro, legado.




Dejá tu comentario