19 de junio 2012 - 09:45

Fané y descangallado, Ahmadineyad busca un amigo en Sudamérica

Mahmud Ahmadineyad.
Mahmud Ahmadineyad.
Una aureola tiñe todas las giras latinoamericanas de Mahmud Ahmadineyad. Que no es, precisamente, un halo de santidad sino la amenaza de un letal hongo nuclear, que precede y deja estela por donde pasa el presidente iraní. Mucho más en el periplo de esta semana, porque mientras Ahmadineyad visita por tercera vez Bolivia, va a Caracas para encontrarse por décima vez con Hugo Chávez, y recala después en suelo brasileño para el Rio+20 (su primera visita oficial fue con Lula en octubre de 2009), las conversaciones en torno al desarrollo atómico de Irán con los 5+1 (los países del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, más Alemania) llegaron a un peligroso punto muerto en Moscú. 

Mientras, dos tiempos de descuento toman envión. Por un lado, la entrada en vigencia este 1º de julio, del bloqueo comercial y petrolero de la UE a Teherán. Esta sanción, promovida por EEUU y acatada ya por varios Estados (entre ellos, el embargo aplicado por Japón dejó a los iraníes con enormes saldos exportables y problemas para stockear el crudo) traerá un "parate" interno de proporciones. Que se agregará a una inflación al punto de desboque (21,5% en 2011), a una moneda local, el rial, cayendo 40% en el primer trimestre de 2012 (bienvenidos al club), al desabastecimiento en productos básicos y a una mayoría de población joven, contestataria y crítica al régimen del ayatolá Khamenei. 

El ayatolá, líder espiritual del país, es quien detenta el control político y recorta el poder a Ahmadineyad, para peor en la recta final de lame-duck. Después de ocho años en la presidencia, no se postula para una re-re en 2013. Es el otro tiempo de descuento, el propio. 

Por eso es que las giras a Latinoamérica edulcoran por un lado la imagen del presidente iraní a pasos de la puerta de salida y, por el otro, hacen de porche de entrada para el "nuclearizado" Teherán, en momentos en que el resto del mundo le baja las persianas.

Sin embargo, esa claridad de objetivos no disipa el gusto agrio y metálico que deja el paso de Ahmadineyad por la región. ¿A qué viene el iraní?, ¿quiénes integran su comitiva?, ¿cuáles inversiones promete?, son las preguntas que nunca se contestan del todo. 

Porque de su agenda por las bolivianas La Paz y Santa Cruz este lunes, su abrazo con el convaleciente Hugo Chávez en Caracas este martes o su presencia después en la multitudinaria reunión ecologista de mandatarios en Río de Janeiro quizás queden más fotos que información para los registros. 

Aunque alguna conclusión puede aproximarse de los funcionarios que lo acompañan. Además del canciller Ali-Akbar Salehi, viajan con el mandatario iraní dos vicepresidentes: el de Asuntos Ejecutivos Hamid Baghaei y el de Asuntos Internacionales Ali Sa'eidlou.

Según la prensa persa, Baghaei es uno de los confidentes e incondicionales de Ahmadineyad: a tal punto que el mismo presidente habría intervenido para que la Justicia dejase en suspenso un fallo de mediados de 2011 por enriquecimiento ilícito (Baghaei habría "bendecido" una compañía "amiga" con obras públicas por u$s 450 millones). Tampoco este funcionario lleva la diplomacia consigo: declaró que el Imperio Otomano (Turquía) había llevado a cabo el genocidio armenio, yendo así en contra de la doctrina tradicional pro-turca de Teherán. 

En cambio, Sa'eidlou aporta algo más que esa incondicionalidad a ultranza o soltura en "mercados regulados": es el encargado de enrolar a los latinoamericanos para la cumbre de No Alineados a llevarse a cabo en Teherán (Irán preside el organismo) el 30 y 31 de agosto. De allí que hubiese estado de gira por Bolivia, Ecuador, Venezuela, Cuba y Nicaragua (los principales del ALBA) a fines de mayo, pocos días antes de la cumbre de OEA en Cochabamba, Bolivia. 

De acuerdo a Alejandra Prado, diputada por el opositor Convergencia Nacional boliviano, esa oportuna gira contribuyó para que en esa reunión de la OEA , Bolivia y Venezuela denunciasen el acuerdo de defensa interamericana de TIAR, visto (algo que también proponen algunos asesores cercanos a Cristina Kirchner) como demasiado pro-Washington. 

Por eso, en momentos que EEUU y los países occidentales tienen la atención puesta en la debacle financiera de Europa, la desaceleración china, la crisis en Siria y Egipto o la misma amenaza nuclear iraní, Ahmadineyad descuenta las pocas hojas de almanaque que le quedan para proyectarse fuera de la interna política de su país, y de los tiempos que corren. Como parecería ser la resurrección de No Alineados, enterrada -parecía- por la ola neoliberal de los 90. 

Mientras tanto, Teherán no descuida las efectividades conducentes en el vecindario: además de embajadas en Brasil, Venezuela, Uruguay, Argentina, México, y Cuba, y misiones en Chile y Colombia, el Estado iraní lanzó una señal de TV en español, basada en Madrid y dedicada a Latinoamérica.

Un refuerzo, sin duda, a los otros aportes que Ahmadineyad estará recordando en esta gira: como el hospital y plantas lecheras y de cemento construidas en Bolivia, o las fábricas de automóviles y unidades habitacionales prometidas en Venezuela (junto con un banco hipotecario y joint-ventures petroleros). También el último anuncio: la instalación de una planta venezolana-iraní para el desarrollo de VANTs o drones. Viene con dedicatoria, claro. "Para Washington, que ahora lo mira por TV".

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