Fané y descangallado, Ahmadineyad busca un amigo en Sudamérica
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Mahmud Ahmadineyad.
Aunque alguna conclusión puede aproximarse de los funcionarios que lo acompañan. Además del canciller Ali-Akbar Salehi, viajan con el mandatario iraní dos vicepresidentes: el de Asuntos Ejecutivos Hamid Baghaei y el de Asuntos Internacionales Ali Sa'eidlou.
Según la prensa persa, Baghaei es uno de los confidentes e incondicionales de Ahmadineyad: a tal punto que el mismo presidente habría intervenido para que la Justicia dejase en suspenso un fallo de mediados de 2011 por enriquecimiento ilícito (Baghaei habría "bendecido" una compañía "amiga" con obras públicas por u$s 450 millones). Tampoco este funcionario lleva la diplomacia consigo: declaró que el Imperio Otomano (Turquía) había llevado a cabo el genocidio armenio, yendo así en contra de la doctrina tradicional pro-turca de Teherán.
En cambio, Sa'eidlou aporta algo más que esa incondicionalidad a ultranza o soltura en "mercados regulados": es el encargado de enrolar a los latinoamericanos para la cumbre de No Alineados a llevarse a cabo en Teherán (Irán preside el organismo) el 30 y 31 de agosto. De allí que hubiese estado de gira por Bolivia, Ecuador, Venezuela, Cuba y Nicaragua (los principales del ALBA) a fines de mayo, pocos días antes de la cumbre de OEA en Cochabamba, Bolivia.
De acuerdo a Alejandra Prado, diputada por el opositor Convergencia Nacional boliviano, esa oportuna gira contribuyó para que en esa reunión de la OEA , Bolivia y Venezuela denunciasen el acuerdo de defensa interamericana de TIAR, visto (algo que también proponen algunos asesores cercanos a Cristina Kirchner) como demasiado pro-Washington.
Por eso, en momentos que EEUU y los países occidentales tienen la atención puesta en la debacle financiera de Europa, la desaceleración china, la crisis en Siria y Egipto o la misma amenaza nuclear iraní, Ahmadineyad descuenta las pocas hojas de almanaque que le quedan para proyectarse fuera de la interna política de su país, y de los tiempos que corren. Como parecería ser la resurrección de No Alineados, enterrada -parecía- por la ola neoliberal de los 90.
Mientras tanto, Teherán no descuida las efectividades conducentes en el vecindario: además de embajadas en Brasil, Venezuela, Uruguay, Argentina, México, y Cuba, y misiones en Chile y Colombia, el Estado iraní lanzó una señal de TV en español, basada en Madrid y dedicada a Latinoamérica.
Un refuerzo, sin duda, a los otros aportes que Ahmadineyad estará recordando en esta gira: como el hospital y plantas lecheras y de cemento construidas en Bolivia, o las fábricas de automóviles y unidades habitacionales prometidas en Venezuela (junto con un banco hipotecario y joint-ventures petroleros). También el último anuncio: la instalación de una planta venezolana-iraní para el desarrollo de VANTs o drones. Viene con dedicatoria, claro. "Para Washington, que ahora lo mira por TV".




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