El aspecto de los
suburbios del sur de
Beirut, bastiones de la
milicia chiita Hizbollah,
deja en evidencia la
dureza de los 33 días
de guerra transcurridos
antes de la entrada en
vigor el lunes del cese
del fuego.
Beirut, París y Jerusalén (AFP, EFE, Reuters, ANSA) - La negativa de Hizbollah a aceptar su desarme, la falta de preparación de la ONU para desplegar en un plazo razonable el prometido refuerzo de miles de cascos azules y la ausencia de soluciones de fondo a problemas como el de los dos soldados israelíes que la milicia chiita mantiene como rehenes surgían ayer como serias amenazas a la vigencia del cese del fuego en la frontera israelí-libanesa a sólo dos días de su aplicación.
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La principal luz amarilla provino ayer de la amenaza de Francia de no enviar fuerzas de paz al Líbano en caso de no contar con garantías sobre el desarme de Hizbollah.
El canciller francés, Philippe Douste-Blazy, llegará en las próximas horas a Beirut para hablar con el primer ministro, Fouad Siniora, sobre «las condiciones del despliegue de la fuerza internacional reforzada» en el sur de Líbano.
El lunes por la noche, el líder de la milicia chiita pro iraní, Hassan Nasrallah, echó un balde de agua fría sobre las esperanzas de un rápido desarme de su movimiento al afirmar que no puede ser realizado «de forma apresurada y bajo presión».
El canciller francés replicó al subrayar las «obligaciones» que se desprenden de la Resolución 1.701 del Consejo de Seguridad de la ONU para poner fin al conflicto. Esas «obligaciones» implican para París una retirada de los milicianos chiitas al norte del río Litani y su desarme, también previsto en una anterior resolución de la ONU (la 1.559), antes del despliegue de las tropas libanesas apoyadas por una reforzada Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano ( FINUL).
Francia, que copatrocinó con EE.UU. la Re-1.701 -aceptada por las partes-, está bajo fuerte presión para liderar la futura fuerza de paz internacional que deberá velar por el cese del fuego junto a 15.000 soldados del ejército regular libanés. La FINUL cuenta hoy con 2.000 miembros y debe ser incrementada hasta 15.000. EE.UU., con sus esfuerzos comprometidos en Irak y en Afganistán, ya anticipó que no enviará efectivos, por lo que se espera que Francia contribuya con entre 2.000 y 4.000 militares. España, Italia, Portugal, Bélgica, Turquía, Marruecos, Indonesia y Malasia también contribuirían, aunque la ONU aún no recibió ningún compromiso oficial de participación.
Francia ya dejó claro en días pasados en la ONU que los hombres de la FINUL no deben ser responsables del desarme de Hizbollah por considerar esa labor como suicida. Así, Douste-Blazy recordó al gobierno libanés que le corresponde la responsabilidad de definir las «modalidades» del desarme del movimiento chiita.
Pese a esto, el ministro de Defensa de Líbano, Elias Murr, afirmó que la tarea del ejército de su país «no es desarmar a Hizbollah».
En declaraciones a la televisión libanesa LBC, Murr dijo que «el ejército no se desplegará en el Sur para desarmar a Hizbollah. Su papel es garantizar la seguridad de la resistencia y de los ciudadanos, y proteger la victoria de la primera», explicó.
Mientras, la canciller israelí, Tzipi Livni, advirtió anoche, antes de viajar a Nueva York, que «mientras los soldados secuestrados (por Hizbollah) no sean liberados, la operación en Líbano no habrá finalizado». La milicia libanesa no ha dado hasta ahora muestras de disposición a devolverlos con vida.
La preocupación por los pasos futuros de Hizbollah es creciente. Según el alto representante de Política Exterior de la Unión Europea, Javier Solana, la milicia «tendrá que elegir entre ser una fuerza política responsable en el Líbano o ser una avanzadilla de Irán». Con todo, el funcionario admitió en una entrevista publicada ayer por el diario español «El País» que «las relaciones que tiene Hizbollah con Irán van a hacer más difícil» su desarme.
Vaticinio
Complicando más las cosas, el comandantede la FINUL, el general francés Alain Pellegrini, vaticinó que hará falta un año para que el contingente pueda ampliarse hasta los 15.000 soldados previstos.
En declaraciones que publica el vespertino francés «Le Monde», el general Pellegrini dijo no tener ni idea de cómo se va a llevar a cabo la ampliación de la FPNUL, que ahora cuenta con 2.000 soldados. «No sé cómo se va a hacer ni quién va a participar», afirmó el militar, quien, preocupado, describió la situación como «muy frágil».
Ante este panorama, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, dijo al Canal 2 israelí que la comunidad internacional debe definir «lo antes posible» la composición de la fuerza en el sur del Líbano, aunque admitió que su despliegue podría demandar «semanas y tal vez meses». A su vez, EE.UU. reclamó un avance « urgente» y dijo que hablar de «meses» no es aceptable.
El ejército libanés tiene previsto comenzar mañana su despliegue en el sur del país, de donde ha estado ausente por décadas. En tanto, Israel prevé completar su repliegue hacia el otro lado de la frontera en un plazo de 7 a 10 días, según su jefe de Estado Mayor, Dan Halutz.
Mientras, el alto el fuego seguía siendo aplicado ayer, pero volvieron a registrarse algunas escaramuzas. Al menos tres combatientes de Hizbollah murieron por disparos del ejército israelí en el área de Rajmin, cuando se acercaron armados a las tropas hebreas. Además, los chiitas realizaron disparos de artillería contra soldados hebreos, sin que se registraran víctimas.
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