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La imagen de la jornada fue la de Bush y Chirac estrechando sus manos, sin gran calidez, frente a los fotógrafos y las cámaras, cuando el presidente norteamericano llegó a la ciudad termal de los Alpes franceses. El jefe de Estado francés afirmó más tarde «no tener la menor preocupación» sobre las relaciones con su homólogo norteamericano, a pesar de que los sectores más extremistas de la Casa Blanca propugnan cada vez mayor distanciamiento con París.
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