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16 de enero 2003 - 00:00

Fuerte polémica por mujer con récord de hijos por encargo

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«En cuando nazca éste, me pondré manos a la obra con el siguiente», comenta excitada. «Quiero tener dos niños más para así jubilarme con un número redondo en el marcador: diez críos.» Carole siempre habla de críos, de bebés, de niños... Jamás de hijos. La sutileza es importante porque, a pesar de haber llevado durante nueve meses a cada una de esas criaturas en su interior, a pesar de haberles dado la vida y de haberlas parido con dolor, a pesar de que son sangre de su sangre, Carole no se considera la madre de ninguno de esos pequeños. De hecho, si esta mujer ha traído al mundo a toda esa caterva de niños, ha sido con el único objetivo de ponerlos en manos de parejas que no pueden tener descendencia.

No cabe duda de que Horlock es una mujer sincera. De la misma manera que no tiene el más mínimo reparo en admitir que con el sueldo que gana como empleada de una tintorería jamás se habría podido permitir el capricho de pagar 3.800 libras (unos 6.000 dólares) por un conjunto de sofás de cuero adquirido con el sudor de sus partos.

«Sé que a mucha gente le puede parecer monstruoso y aberrante. Pero es algo que sucede y que no depende de mí. Yo desarrollo amor por los bebés cuando éstos han nacido y cuido de ellos, pero no mientras los llevo dentro. No sé por qué, pero es así», afirma Carole.

El caso es que esa particularidad hace de Horlock la perfecta madre de alquiler. «Sí, la verdad es que nada más nacer el bebé, no me cuesta nada entregárselo a la pareja con la que me he comprometido. Lo que en ningún caso podría hacer es cuidar del recién nacido durante una semana y luego dárselo. Pero, dado que las parejas para las que hago de madre de alquiler se llevan siempre a los bebés en el instante en que éstos nacen, no me da tiempo a desarrollar amor maternal y, por tanto, no me duele desprenderme de ellos.»

Tan a rajatabla se cumple el trato que, tras dar a luz, Carole siempre se resiste a ser la primera en coger en brazos al recién nacido, dejándole ese privilegio a la madre arrendadora. «Ayudar a tener un hijo a una pareja que a lo mejor lleva 15 o 20 años intentándolo es apasionante, te diría que es incluso más apasionante que tener tus propios hijos. ¿Sabes por qué? Porque tener hijos es completamente normal, cualquiera puede hacerlo. Pero ayudar a alguien a hacer su sueño realidad es algo absolutamente único, algo especial.» Carole halló su verdadera vocación poco después de divorciarse. Tenía 27 años y leía en una revista una entrevista con una madre de alquiler. Algo le llamó especialmente la atención en las declaraciones de esa mujer y la hermanó con ella. No se había sentido unida a sus hijos hasta después del parto. Carole pensó en Megan y Stephan. La primera había nacido pocos meses antes. La segunda apenas tenía dos años. Las quería. Pero como aquella madre profesional, el afecto había nacido después de que salieran de su vientre. Siguió leyendo y se emocionó cuando la mujer relataba la felicidad que había compartido con la pareja estéril que la había contratado. Al final de la entrevista había un número de teléfono: COTS, agencia de madres de alquiler. Carole se levantó, llamó y solicitó la plantilla de formularios. Tuvo tiempo de reflexionar mientras llegaba el correo. Desde la separación, se sentía libre para decidir sin consultarlo con nadie, pero poco después de su primer parto interino, le confesó a su padre lo que había hecho. «Se sintió horrorizado. Me dijo que no tenía derecho a entregar a sus nietos a otras personas.» Si su padre, peluquero divorciado de su madre desde que Carole tenía cinco años, no comprendió que su sangre se viera inmersa en una transacción para él exclusivamente comercial, la madre de la incubadora británica y sus cuatro hermanos compartieron el entusiasmo de Carole por la felicidad que su cuerpo podía ofrecer a parejas infértiles: una mujer que sufrió una menopausia prematura a los 17 años, otra que fue sometida a una histerectomía después de un cáncer y otra que había nacido sin matriz han sido algunas de sus hermanas de sangre.

Carole se mantiene en contacto con los siete niños (pronto ocho) para cuyo nacimiento ha prestado su portentosa naturaleza. De hecho, a todas las parejas para las que ha hecho de madre de alquiler les ha puesto una única condición: que desde el principio sean sinceros con los pequeños. «Todos los críos me conocen, todos están al tanto de quién soy. Todos saben que crecieron en mi barriguita porque las de sus madres estaban rotas y no podían acogerlos. Nunca tendrán que pasar por el trauma de que su madre les diga algún día que no fue ella quien los trajo al mundo, sino aquella otra señora. Eso es algo que los niños ya saben, algo que jamás se les ha ocultado», declara orgullosa.

Lo que esos niños aún no saben es que Horlock no se ha limitado a llevarlos en su interior durante nueve meses. Aparte de prestar su matriz, esta británica también pone los óvulos a partir de los cuales nacen esos bebés. En otras palabras: todos los niños que ha traído al mundo son hijos biológicos suyos.






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