El presidente de EE.UU., George W. Bush, realizó ayer una visita relámpago de alto impacto a Bagdad, buscando mostrar su decisión de mantener a las fuerzas militares norteamericanas en Irak, de minimizar ante el mundo la amenaza de la resistencia pro Saddam y de levantar la moral de las tropas. El viaje, motivado por la celebración del Día de Acción de Gracias, estuvo rodeado de un impresionante dispositivo de seguridad y fue mantenido en el más estricto secreto, inclusive para altos funcionarios de la Casa Blanca y la propia esposa e hijas de Bush.
En un plan elaborado en el más estricto secreto para garantizar su seguridad, Bush salió de su rancho en el Estado de Texas en la noche del miércoles, llegó ayer a Irak y pasó dos horas y media con las tropas en el Aeropuerto Internacional de Bagdad. Bush abandonó sus planes para compartir con su esposa y sus allegados la cena del Día de Acción de Gracias, la más tradicional reunión familiar anual en Estados Unidos, a fin de visitar a las tropas en Bagdad, con lo cual se convirtió en el primer presidente estadounidense en visitar Irak.
Sin dar pistas sobre la inminente sorpresa, el administrador estadounidense en Irak,
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