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Es verdad que si en la Guerra del Golfo o Tormenta del Desierto cuando se recuperó Kuwait, invadido por los iraquíes, se usaron 500.000 efectivos, parecen poco los 250.000 que esta vez decidió utilizar la coalición de Estados Unidos, Inglaterra y, con pocos efectivos, Australia. Pero hay que tener en cuenta que el plan original consistía en atacar por dos frentes, el sur desde Kuwait y el norte desde Turquía. Pero el gobierno de Ankara les negó el paso a las fuerzas de la coalición y provocó dos variantes. Una, permitió a los efectivos de Saddam Hussein concentrarse en el sur. Segundo, obligó a decenas de miles de hombres y equipos de la coalición a ser reembarcados para entrarlos por Kuwait, salvo una mínima parte -un par de miles de hombres- lanzados en paracaídas en el norte para una presencia por ahora simbólica, sin posibilidad cierta de un avance en pinza sobre Bagdad.
Los efectivos reembarcados entrarán a sumarse a los efectivos del sur recién avanzado abril por lo difícil de transportar tantos hombres.
El panorama a la fecha son fuerzas que, tras un rápido avance desde la frontera de Kuwait, enfrentan dos escollos aún insalvables. El primero es que sus líneas de avanzada con tanques y blindados van dejando sin protección, al extenderse, las líneas de aprovisionamiento, vitales en todo ataque, desde combustibles hasta alimentos. Se cree que esto recién se consolidará con la llegada de unos 120.000 hombres en abril, y ahí se podría avanzar con la seguridad de tener la retaguardia bien cubierta y con capacidad de abastecimiento.
El segundo y principal problema es que, al calcularse mal la resistencia de los iraquíes, las grandes ciudades, como Bassora, Najaf, Kerbala y otras quedan rodeadas, pero son aún inexpugnables. Las urbes en Irak son tan complicadas como fueron las selvas en Vietnam. Sobre todo para países de Occidente, donde el cuidado de la vida de soldados se torna imprescindible por las reacciones que provocan en los países de origen. En Irak se premia al que muere y hasta se incita a morir en operaciones suicidas fanáticas, algo inconcebible en ejércitos de Occidente. Es una diferencia notable para el combate, más si se va a dar en ciudades que deberán ser tomadas casa por casa.
Por eso los efectivos ingleses prácticamente desde el inicio de la guerra llegaron a sitiar Bassora, la segunda ciudad en importancia de Irak y, más allá de ataques esporádicos a centros vitales, como el edificio del partido oficial iraquí Baas, no pueden tomarla. Bassora está muy cerca de la frontera segura y con abastecimiento continuo desde Kuwait y la disuasión de la resistencia para tomarla hace pensar: ¿cómo se hará para tomar Bagdad donde está concentrado el máximo poder y el grueso de la resistencia de Saddam? Siempre pensando en efectivos de la coalición, cuyos generales no tienen el mismo poder de disponer masivamente de vidas humanas como
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