Settelen, quien entrenó a Diana para poder hablar en público sin tener vergüenza, dijo que los videos son de su propiedad y aclaró que llevará el caso ante la Corte Suprema de Justicia.
Sin embargo, la familia de Diana afirmó que les pertenecen a ellos por «cuestiones de herencia».
En caso de que Settelen gane el juicio, se estima que podría obtener millones de dólares tras la venta de dichas filmaciones a empresas de televisión estadounidenses.
El contenido de los videos fue considerado de suma trascendencia para la realeza; durante el juicio contra Burrell el pasado año, la corte de Old Bailey prohibió que se proyectara en público.