El término desaparecido recién comenzó a relacionarse con el franquismo desde hace pocos años, cuando familiares de víctimas comenzaron a intentar identificar a sus antepasados. A partir de testimonios de testigos, todos ancianos, se pudo conocer con exactitud dónde están varias fosas comunes. Una práctica de los franquistas, vencedores de la cruenta Guerra Civil española, era llevar a los niños a que presenciaran los entierros colectivos, «para que vayan aprendiendo», según declaró el nieto de Silva Faba ayer a una radio de Buenos Aires.
Cuando fue asesinado, Emilio Silva Faba tenía 44 años, seis hijos, y había sido emigrante a la Argentina primero y luego a Nueva York. Como muchos de sus compatriotas, por no hacerse la América o para luchar en algún bando de la Guerra Civil, volvió a España a militar en Izquierda Republicana, el partido del ex presidente español republicano Manuel Azaña, según informó ayer el diario «El País».
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