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"Juan Pablo II derramó su propia sangre en la Plaza San Pedro, el 13 de mayo de 1981, y luego nuevamente ofreció, no la sangre sino la vida entera, durante largos años de su enfermedad", afirmó Ruini en la ceremonia.
"A lo último, su sufrimiento y su muerte, su bendición, ya sin voz desde la ventana al término de la Santa Misa de Pascua, fueron para la humanidad entera un testimonio extraordinariamente eficaz de Jesucristo muerto y resucitado, del significado cristiano del dolor, la muerte y la fuerza de salvación que en él encuentra refugio, en un último análisis del verdadero rostro del hombre redimido por Cristo", enfatizó el cardenal.
Ruini recordó que en la misa de los funerales del pontífice, el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy su sucesor, dijo: "Podemos estar seguros de que nuestro amado papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice".
"Sí -agregó Ruini- esta es también nuestra certeza y por eso pedimos al Señor, con todo el corazón, que la causa de beatificación y canonización que esta noche comienza pueda lograr muy pronto su coronación".
El purpurado destacó que el papa Benedicto XVI recibió el pedido "de un número grandísimo de padres cardenales, que se hicieron eco de la ardiente súplica escuchada del pueblo de Dios".
Precisamente el papa actual fue quien a través de una dispensa permitió el tiempo récord del inicio de la causa, ya que lo habitual es dejar pasar cinco años de la muerte del postulado a la beatificación.
Para el cardenal, "tantos testimonios que continuamente nos llegan sobre la santidad de vida del pontífice y las gracias imploradas a través de él, confirman nuestra plegaria".
Ruini destacó la personalidad de Wojtyla al afirmar que vivió en "íntima unión con Dios, que lo acompañó desde la juventud hasta el fin de su existencia terrena", en la cual encontró razón de ser y fortaleza.
También destacó "el coraje con el cual contribuyó a abatir el muro que dividía Europa y el llamado a las raíces cristianas de la misma Europa", además del "compromiso que profesó para que las religiones sean portadoras de paz entre los pueblos".
La solemne sesión de apertura del proceso de la investigación diocesana sobre la vida y obra de Juan Pablo II dio comienzo con el canto de las vísperas de la fiesta de San Pedro y San Pablo, patronos de Roma.
Luego, juraron los miembros del Tribunal diocesano encargado del proceso de investigación sobre Karol Wojtyla.
Ruini juró en primer lugar, seguido por el juez delegado monseñor Gianfranco Bella, el juez adjunto monseñor Francesco Maria Tasciotti, el promotor de Justicia Giuseppe D'Alonzo y los notarios Giuseppe Gobbi, Francesco Allegrini y Marcello Terramani.
La Basílica estuvo repleta de cardenales pero también de fieles, varios de los cuales gritaron "Juan Pablo II".
Entre los purpurados estuvo presente el "fidelísimo secretario" personal de Juan Pablo II, monseñor Stanislaw Dziwisz, a quien Ruini le dedicó especialmente un pasaje de su discurso.
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