Asif Ali Zardari, Mahmoud Ahmadinejad, Hamid Karzai
Los presidentes de Irán, Afganistán y Pakistán firmaron un acuerdo de seguridad regional durante una cumbre celebrada en Teherán que el mandatario iraní, Mahmud Ahmadineyad, aprovechó para volver a exigir la salida de las tropas de EEUU de la región.
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"Aunque su presencia se mantiene bajo el pretexto de la estabilidad, en ningún caso contribuye a la desarrollo económico y de la seguridad regional", denunció Ahmadineyad al término de la reunión.
Una idea similar expresó su colega paquistaní, Ali Asif Zardari, quien en declaraciones divulgadas por la agencia semi-oficial de noticias Fars subrayó que "la zona hace frente a diferentes retos, incluido el de haber permitido a las grandes potencias convertirse en nuestros vecinos".
En este sentido, tanto el mandatario paquistaní como su colega iraní reafirmaron que la solución final debe ser regional y compartida por los tres países, ya que hacen frente a desafíos comunes como el narcotráfico y el acoso de los movimientos islámicos de corte extremista.
"Resolver los problemas de hoy exige recuperar las relaciones de amistad y hermandad y reafirmar los lazos comunes para solucionar los problemas de una región que comparte historia, amigos y enemigos", afirmó Ahmadineyad.
Zardari puntualizó, por su parte, que "es nuestro deber hacer uso de todos nuestros potenciales para ofrecer una vida mejor a las generaciones venideras".
El narcotráfico, el terrorismo en manos de los movimientos extremistas islámicos y el desarrollo como vía para acabar con ambas lacras fueron los asuntos principales de una cumbre que debía haberse celebrado el pasado martes y que fue pospuesta a requerimiento del mandatario paquistaní.
Durante el encuentro, los mandatarios firmaron un comunicado final sobre seguridad regional y cooperación económica y energética del que apenas han trascendido detalles.
Irán insiste en que la médula del problema es la presencia de las fuerzas internacionales, estacionadas en Afganistán desde 2002, aunque las raíces del conflicto se remontan a los inicios del siglo XIX, durante la colonización británica del país.
Además, Teherán está muy preocupado por la posibilidad de que la presencia militar estadounidense en el vecino Afganistán se transforme, a su vez, en una flagrante injerencia política.
Esos temores crecieron esta misma semana, una vez que el diario norteamericano The New York Times publicó que el ex representante diplomático de Washington en Afganistán, Irak y Naciones Unidas, Zalmay Khalilzad, podría convertirse en la mano derecha del actual presidente afgano.
Al término de la cumbre, los presidentes Ahmadineyad y Zardari aprovecharon la cita en Teherán para rubricar el acuerdo final para la construcción del denominado "gasoducto de la paz", que permitirá vender gas iraní a Islamabad.
El gasoducto costará más de 4.500 millones de dólares, necesitará al menos 7.000 millones de dólares de inversión y se espera que pueda estar operativo en un plazo no superior a cinco años desde la firma final.
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