Los transportes aéreos -con la cancelación de la mayoría de vuelos-, marítimos, ferroviarios y por carretera quedaron también paralizados, con reducidos servicios mínimos, que no funcionaron en las autopistas de peaje, por las que la circulación fue gratuita. Tampoco salieron los periódicos, excepto algunas cabeceras vinculadas con el primer ministro o el rotativo vaticano «L'Osservatore Romano», mientras que la radio y la televisión, incluidas las que son propiedad de Berlusconi, emitieron sólo informativos reducidos.
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